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Acá como en el resto del país la gente es mordaz con el gordo...

Alguien se imagina lo que es pedir una silla para alquilar en la playa y que lo miren con mala cara?

Hugo Córdoba modera los grupos de autoayuda de Alco que reúnen a 5 mil obesos rosarinos.

La mayoría tiene entre cinco y diez kilos de sobrepeso, pero algunos, los denominados hiperobesos, han llegado a superar tranquilamente los 220 kilos en la balanza.

Se trata de los 5 mil gordos que asisten a las reuniones para aprender a comer en los grupos de autoayuda rosarinos de la Asociación de Lucha contra la Obesidad (Alco), una fundación con sede en Buenos Aires, cuyo creador es el médico Alberto Cormillot. La Capital habló con integrantes de la entidad que enumeraron la seguidilla de inconvenientes con los que se encuentran todos los días. "La discriminación es moneda corriente", aseguró Hugo Córdoba, un ex obeso que llegó a pesar 120 kilos, ahora luce 84 y es moderador de algunos de los 18 grupos de Alco de esta región. "A tono con el resto del país, aquí la gente es mordaz con el gordo. Encima, en los gimnasios, piletas y playas nos miran con mala cara, no entramos en las butacas de los cines locales y los hospitales no tienen ni camillas ni aparatos especiales para nosotros", se quejó.

El reclamo de Córdoba contra la falta de infraestructura para los obesos en los efectores se confirma de boca de los propios funcionarios. La directora del hospital del Centenario, Gilda Tamagno, reconoció ayer que el lugar no cuenta con camillas ni un servicio especial de traslado para un obeso mórbido (personas con riesgo de vida y cuyo índice de masa corporal -relación entre peso y talla- es mayor de 40, cuando el normal es de entre 25 y 30). Y agregó que tampoco el hospital está equipado con aparatología pertinente: "Ni el tomógrafo, ni el resonador están pensados para personas que pesan más de 150 kilos".

El Centenario es justamente el lugar donde será internada hoy una paciente con un cuadro de obesidad mórbida (ver aparte). La mujer se llama Delia Ludueña, pesa más de 250 kilos y recurrió anteayer a la Defensoría del Pueblo para reclamar asistencia.

Máximo Gargano tiene 49 años y pesa 170 kilos. En el 2001 La Capital publicó su caso. Había llegado a los 220, pero con mucho esfuerzo comenzó un régimen y un plan de gimnasia, bajó 61 en sólo 7 meses. Después se quedó sin trabajo y "muy deprimido", según dice, volvió a engordar.

"Es que es muy dura la vida del gordo. Cuando vas a pedir trabajo te dicen que para las aseguradoras sos una persona de riesgo. Me gusta la computación, quiero ir a un cyber y no entro entre la silla y la computadora, no encuentro talles para vestirme y mucho menos económicos y ni hablar de tomar un taxi: podés estar horas en una esquina que nadie te para", señaló.

Colectivos y aviones El caso de Cecilia, de 27 años y 110 kilos y que prefirió no revelar su apellido, no es más feliz. Por cuestiones de trabajo necesita viajar seguido a Buenos Aires, pero no entra en el asiento. ¿Cómo resuelve el problema? "Viajo en coches cama o en los semicama pidiendo que nadie se siente al lado y por suerte consigo y no me cobran doble", dijo.

La cosa se complica aún más para la persona gorda que pretende viajar en avión. Tanto en Aerolíneas como en Lan Chile, para quien no cabe en el vuelo las opciones son: pagar dos asientos en turista (un extrasit) o uno en primera clase, más ancho y obviamente bastante más caro.

Pero para Hugo Córdoba, de Alco, no hace falta alejarse de la ciudad para sentirse incómodo por tener que cargar con varios kilos de más. "¿Alguien se imagina lo que es pedir una silla para alquilar en la playa y que lo miren con mala cara?", se preguntó.

Alguien se imagina lo que es pedir una silla para alquilar en la playa y que lo miren con mala cara?
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