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¿Ser gorda es tu destino?

En un mundo donde estar en forma es casi una religión y hacer dietas es el pan de cada día, ¿Por qué entonces engordamos en contra de nuestros deseos?

Acumulando grasa

De acuerdo a una corriente de historiadores, los primeros hombres vivían en un ciclo vicioso entre la hambruna y la gula. Se alimentaban principalmente a base de granos, semillas y frutas y de vez en cuando devoraban algún tipo de animal que se les presentara en el camino. Supuestamente, cuando se presentaban este tipo de "festividades grasosas culinarias", nuestros antepasados se saciaban hasta el cansancio porque sabían que podían pasar meses antes del siguiente festín.

Generalmente, los que vivían más años eran los que tenían la capacidad de acumular más grasa en su cuerpo entre festines, mientras otros morían con el tiempo a falta de suficientes alimentos.

Y aunque se podrían discutir muchas teorías acerca del origen de la obesidad; analizaremos la influencia que tienen nuestros antepasados (más cercanos) sobre nuestro peso.

¿Son mis antepasados los culpables de mi gordura?

Un estudio de la Universidad Johns Hopkins en los Estados Unidos, reveló que una niña de 8 años cuyos padres son obesos, tiene más posibilidades de ser obesa a la edad de 10 años, que otras niñas de su misma edad.

Las estadísticas señalan que los hijos de padres obesos (madre y padre) tienen el 44 por ciento de probabilidades de tener sobrepeso, 34 por ciento si uno de los padres es obeso y 7 por ciento si ninguno es obeso.

Sin embargo, y a pesar de que los genes juegan un papel importante en nuestro peso, el medio ambiente, la dieta y el estilo de vida pueden determinar o cambiar el curso de nuestra herencia genética.

Acepta tu historia: De nada te sirve preguntarte porqué la vida te dio unos padres obesos, es mejor que lo aceptes y actúes al respecto. El sobrepeso y la obesidad tienen que ser ‘peleados’ día a día ya que no es un problema de una temporada, sino de toda la vida.  

Estamos en el 2000 D.C. y no 1000 A.C.: Ya no necesitamos empacharnos con un gran festín como lo hacían nuestros antepasados de hace siglos, ya que contrario a sus posibilidades, nosotros sí podemos refrigerar, guardar o comprar comida para luego.
Controla el consumo de alcohol: Recuerda que el alcohol añade calorías a tu dieta y te abre el apetito. Quizás, de uno a dos vasos de alcohol a la semana no haga la diferencia, pero si se convierte en un hábito diario, es posible que subas alrededor de 10 a 30 libras en un año.

No te olvides de la mejor bebida: La naturaleza no se equivoca. La bebida más antigua no tenía calorías: el agua. Toma agua antes o entre comidas para añadir volumen a tus alimentos y tener ‘menos espacio’ para los que engordan.

Haz ejercicio: Una de las ventajas que tenían nuestros familiares ancestrales es que ellos se mantenían bastante activos. La vida moderna nos lleva a quemar menos calorías de las que deberíamos; por lo tanto, es imperativo que acomodes unos minutos (15 mínimo) al día para ejercitar tu cuerpo.

En un mundo donde estar en forma es casi una religión y hacer dietas es el pan de cada día, ¿Por qué entonces engordamos en contra de nuestros deseos?
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