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¿Cuántos pueden mantenerse delgados en un mundo de gordos?

Anita Sanders, a los 43 años de edad, puede darse el lujo de tener una figura de sílfide mientras continúa comiendo lo que le apetece, sin tener que hacer ejercicios excesivos.

"No puedo decir que me esfuerce mucho en tratar de mantenerme delgada", admite, agregando que le encanta la comida. Atribuye su delgadez a haber tenido suerte con los genes y a ser muy activa.

"Como lo que deseo pero me siento satisfecha rápidamente, no soy una de esas personas que corre detrás del mozo que lleva la bandeja de bocadillos cada vez que pasa", señaló.

Sanders forma parte de una minoría cada vez más reducida de personas que sigue un estilo de vida occidental y es delgada. Lo normal por lo general es ser gordo. En gran parte de Europa Occidental, fácilmente más de la mitad de adultos tienen sobrepeso, y en Estados Unidos dos tercios de la población son gordos.

¿Cómo entonces se explica la habilidad de Sanders y de otros como ella de mantenerse delgados en un ambiente de ese tipo?

La respuesta es compleja y no la misma para todos. Además de su crianza y de su ambiente, los científicos están descubriendo que los genes y la biología son más importantes de lo que se creía previamente.

"La gente que no aumenta de peso tiene algo especial; son resistentes a la obesidad", dijo Philippe Froguel, experto en obesidad y presidente de medicina genómica en el Colegio Imperial de Londres.

Los expertos investigan los genes de la gente inactiva, los genes que impiden comer, los de los que no pueden resistir ingerir comida, e incluso la posibilidad de una combinación de genes, que convierte a la gente en comelones oportunistas, que comen cada vez que se les ofrecen alimentos.

Jonathan Bell, un especialista en tecnología de información de 32 años de edad, que tiene problemas con su peso, comenta: "Soy uno de esos que vive para comer. Me gustaría decir que no comeré pero mi cuerpo me lo pide".

Bell, que vive en Londres, confiesa que tiene un vínculo emotivo con la comida. Su madre le ofrecía chocolate a cambio de su buen comportamiento cuando era niño, y ese hábito se le ha quedado.

Asimismo tiene que comer mucho para sentirse satisfecho, una tendencia que los expertos señalan es de origen genético.

Cada persona tiene un perfil único de genes, biología y estilo de vida. Un ligera inclinación hacia una de esas influencias podría establecer la diferencia entre la gordura y la delgadez, dicen los expertos. Donde divergen es en qué tan poderoso es cada factor individual por sí solo.

"En el control del peso intervienen unos 340 genes. Muchos de ellos incrementan la posibilidad de que uno sea gordo, pero asimismo existen genes que en realidad protegen a las personas de la gordura", dijo el doctor Stephan Rossner, jefe de la unidad de obesidad y catedrático de investigación sobre comportamiento saludable del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia.

"Uno puede tener músculos que reaccionan con un poco de lentitud, un estado mental que nos lleva a ser más propensos a usar la comida para reconfortarnos o una temperatura corporal que tiene un décimo de centígrado mayor", destacó Rossner. "Si usted tiene 20 de estos factores todos inclinados en una sola dirección - y aún así todos son normales - eso puede explicar por qué gente que vive en el mismo ambiente tiene pesos distintos".

Mientras que las leyes de la física - que dicta que uno no puede engordar a menos que coma más calorias de las que quema - son inviolables, la formación genética de una persona influye en las decisiones que se hacen sobre la comida y los ejercicios, señalan los expertos.

Hay gente delgada que puede comer lo que quiera, pero en muchos casos, al igual que Sanders, no desean mucho.

"Lo que hemos descubierto es que nuestra gente resistente (a la obesidad) tiene una mayor saciedad que los más susceptibles", destacó el doctor John Blundell, presidente de psicobiología de la unidad de investigación sobre el apetito humano de la Universidad de Leeds, en Inglaterra. "Cuando se les ofrece la misma cantidad de comida a diferentes horas, ellos comen menos y eso suprime más su hambre. Su sistema de apetito opera con mayor sensibilidad".

El comer incrementa el nivel de dopamina, la sustancia química del cerebro que produce la saciedad. Tomografías del cerebro han indicado que la gente obesa tiene menor concentración de receptores de dopamina en su cerebro que las personas delgadas.

"Es posible que algunas personas necesiten comer más para obtener el mismo nivel de placer", dijo el doctor Kishore Gadde, director de pruebas clínicas de obesidad, del Centro Médico de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte.

También hay alguna evidencia de que las comidas con alto contenido de grasa podrían entorpecer las señales del control del apetito en el cerebro.

Se desconoce si el umbral del apetito se incrementa por una vida de comer en exceso, o si el comer de más se debe a que el umbral es más grande. Sin embargo, los científicos consideran que podría estar vinculado a las sustancias químicas en el intestino que son estimuladas por alimentos grasosos y avisan al cerebro cuando el estómago está lleno.

Otro grupo de genes está relacionado a la actividad física.

"Existen grandes segmentos de la población que parecen tener una tendencia heredada para estar siempre echados en el sofá", destacó el doctor Claude Bouchard, director del Centro de Investigación Biomédica Pennington, en Baton Rouge, Luisiana.

Se piensa que las diferencias genéticas y biológicas también dan como resultado variaciones en la cantidad de energía que usa el cuerpo para mantener operando sus funciones básicas. Normalmente, aproximadamente dos tercios de las calorías quemadas se usan en el metabolismo básico para mantener vivo el cuerpo.

Sin embargo, los científicos sospechan que algunas personas consumen más calorías en este metabolismo básico que otras.

Una vez que el cuerpo ha sido gordo, desea mantenerse gordo, afirman los expertos, y es por eso que a la gente le resulta tan difícil perder peso. Hay muchas hormonas, señales del cerebro y otras sustancias químicas que se esfuerzan para mantener la gordura del cuerpo.

Asimismo, también se ha encontrado evidencia de que las condiciones del bebé dentro del útero y los hábitos de alimentación de los bebés podrían desempeñar un papel en determinar qué tan gorda será una persona.

Pero sin importar qué tan fuerte sea la influencia genética y biológica, casi nadie está condenado por sus genes, agregan los expertos. "Existe un componente masivo del comportamiento que es aprendido" hacia la obesidad, señaló Andrew Prentice, experto en nutrición internacional.

Factores como la educación, el dinero y la manera de crianza influyen en la manera que la gente come y juega. Hay muchas personas que tienen éxito en evitar ganar peso, ejercitándose intensamente para no engordar, por lo cual es claro que hay esperanza, señaló Prentice.

Sin embargo, los expertos en genética también afirman que incluso la capacidad de esforzarse para controlar el peso está influenciada por los genes.
Anita Sanders, a los 43 años de edad, puede darse el lujo de tener una figura de sílfide mientras continúa comiendo lo que le apetece, sin tener que hacer ejercicios excesivos.
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