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La celulitis afecta al 90% de las mujeres

La celulitis no tiene cura definitiva, pero se intentan mejores diagnósticos y tratamientos. Su origen es multicausal, involucra alteraciones de tejidos, microcirculatorias y hormonales y es patrimonio casi exclusivo del sexo femenino.

Las mujeres italianas, las argentinas y las de todos los rincones del mundo comparten algunas cuestiones de piel. Pero la "piel de naranja" las agrupa en una estadística de la que ninguna desearía formar parte: se calcula que el 90% de las mujeres tiene paniculopatía fibrosa o hipertrofia lobular panicular, dos de los nombres con los que se cita -en los escasos trabajos científicos sobre el tema- a la vulgarmente llamada celulitis.

En el Centro de Dermatología de la Universidad de Pavia, un grupo de expertos actualizó conocimientos sobre el tema y despejó dudas sobre aspectos poco difundidos: el componente circulatorio en la celulitis, las diferencias con respecto a la obesidad, los nuevos tratamientos y los métodos de evaluación empleados para conocer el grado de compromiso cutáneo en cada mujer.

La celulitis se presenta principalmente en los muslos y las caderas. Se dispara a menudo con los cambios hormonales y, desde el punto de vista clínico, se clasifica en cuatro grados: el primero no se ve ni se palpa, el segundo se observa con la contracción de los músculos de la zona afectada y los dos restantes se reconocen a primera vista.

En los grados uno, dos y tres hay microcirculación sanguínea; en el grado cuatro, la circulación es nula.

El profesor Enzo Berardesca, jefe técnico del Departamento de Dermatología de la Universidad de Pavia, define: "La zona afectada es el tejido subcutáneo, donde se produce una alteración de la microcirculación sanguínea y linfática.

También existe una acumulación de células de grasa y un cambio en las fibras de colágeno y elastina, que dejan de tener flexibilidad".

El proceso es el siguiente: los adipocitos son células que se agrupan en los llamados lóbulos de grasa. Por influencia de los estrógenos (hormonas femeninas) el reclutamiento de adipocitos es cada vez mayor en la zona afectada, y el aumento del tamaño de los lóbulos de grasa altera la microcirculación. Los vasos se llenan de líquido; el sistema linfático no alcanza a drenarlo, las toxinas aumentan y el tejido conectivo circundante -que contiene fibras de elastina y colágeno- pierde elasticidad. Así se forman nódulos, se eleva la superficie de la dermis y aparece el efecto piel de naranja.

La celulitis no es sólo un problema de las mujeres excedidas de peso. Por el contrario, la piel de naranja puede afectar a las delgadas. Aunque muchos suelen confundirlas, "la celulitis es un proceso degenerativo que se produce entre la dermis y los músculos, localizándose en zonas del cuerpo muy acotadas -explica Berardesca-.

La obesidad, en cambio, es una enfermedad cuyas complicaciones pueden poner en riesgo la vida. Más uniforme (sin nódulos), se extiende por todo el organismo y produce mayores alteraciones en el tejido adiposo que en el conectivo".

Aunque una alimentación pobre en líquidos y abundante en grasas saturadas resulta contraproducente, la celulitis no es tan sensible a la dieta como la obesidad. "La dieta la puede empeorar, pero no mejorar", dice el especialista.

El diagnóstico clínico es básico para determinar si una mujer padece celulitis, y por eso requiere de un médico experto. Sin embargo, a estas observaciones pueden sumarse otras, realizadas con instrumentos no invasivos.

En la clínica dermatológica de la Universidad de Pavia existe un arsenal tecnológico que incluye aparatos para efectuar termografías, fluximetrías, ultrasonografías y plicometrías.

La doctora Claudia Rona, farmacóloga de la institución, explica que "la fluximetría con láser doppler mide el daño producido en la microcirculación y marca su nivel de fluidez, y la termografía computada mide la temperatura de la piel, íntimamente relacionada con la microcirculación (a menor circulación, menor temperatura)".

Otros instrumentos, como la ultrasonografía (sistema computarizado que muestra el grado de elasticidad y distensión), la ecografía o dermoscan (permite observar el estado de las diferentes capas de la piel) y el plicómetro (evalúa los pliegues cutáneos), se emplean también "para verificar la eficacia de los productos empleados en los tratamientos", dice el doctor Berardesca, que es miembro fundador del European Group for Standarization of Efficacy Measurements on Cosmetics (Eemco).

Uno de los medicamentos recientemente estudiados es una pastilla que contiene bioflavonoides, ginko bilova, centella asiática, fucus vesiculosis y melilotus oficialis. Producida en Italia, llegará a la Argentina a mediados de septiembre.

Como medicamento fitoterápico contra la celulitis, "mejora la microcirculación y reduce el grosor de la adiposidad subcutánea. Esto se observó en dos estudios clínicos -uno abierto y el otro a doble ciego versus placebo- realizados en esta universidad con 65 pacientes", afirma el especialista, coautor del libro "Cosmetics, controlled efficacy studies and regulation".

La píldora promete mejoras, pero no milagros. Sencillamente porque cuando de celulitis se trata, la cura definitiva se parece más a una utopía que a una realidad tangible. La ayuda profesional seria, la reducción de factores de riesgo y los tratamientos adecuados a cada paciente pueden, sin embargo, mejorar esta molesta cuestión de piel que iguala a las mujeres de todos los rincones del planeta.
La celulitis no tiene cura definitiva, pero se intentan mejores diagnósticos y tratamientos. Su origen es multicausal, involucra alteraciones de tejidos, microcirculatorias y hormonales y es patrimonio casi exclusivo del sexo femenino.
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