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Guerra a la obesidad en empresas de los Estados Unidos

Sprint planificó la construcción de su sede central, un complejo edilicio que abarca unas 70 hectáreas, con un ojo puesto en la eventual buena condición física de sus empleados. Prohibió la entrada de automóviles, para obligar a los empleados a dejarlos en playas de estacionamiento situadas del otro lado de una ruta que rodea el complejo y a caminar hasta ocho cuadras, entre los diversos edificios.

OVERLAND PARK, Kansas.- Como el resto de los empleados de la compañía Sprint, Kent Turner se ha adaptado al nuevo complejo de oficinas edificado sobre lo que había sido un campo de soja en los arrabales de Kansas City. Pero se pregunta por qué los ascensores son tan estrechos y lerdos si los edificios son flamantes.

"Creemos -dijo en voz baja y sonriendo- que se trata de una siniestra conspiración para que subamos y bajemos por las escaleras."

Siniestra, no; conspiración, sí.

Sprint planificó la construcción de su sede central, un complejo edilicio que abarca unas 70 hectáreas, con un ojo puesto en la eventual buena condición física de sus empleados. Prohibió la entrada de automóviles, para obligar a los empleados a dejarlos en playas de estacionamiento situadas del otro lado de una ruta que rodea el complejo y a caminar hasta ocho cuadras, entre los diversos edificios. Instaló ascensores hidráulicos -es decir, lentos- y amplias escaleras con ventanales para estimular a la gente a subir y bajar por ellas.

En todo el país, las compañías, los Estados y los colegios están adoptando medidas más intensas para lograr que una sociedad cada vez más excedida de peso se mueva más y coma menos.

Los nuevos métodos van más allá de instalar gimnasios en los edificios de oficinas o de inculcar a los chicos (o a los adultos) las virtudes del broccoli.

La empresa Union Pacific Railroad comenzó a ofrecer a algunos empleados los más novedosos remedios recetados para bajar de peso como parte de un estudio cuyo propósito consiste en determinar cuál es la mejor manera de que sus empleados adelgacen. En la nueva casa central de la firma Capital One, en las afueras de Richmond, Virginia, los arquitectos diseñaron el restaurante al final de una cadena de edificios en lugar de diseñarlo en el centro del complejo.

"Es un lugar al que sólo se llega caminando", afirmó Jim Carter, arquitecto de Hillier, el estudio que también diseñó el complejo edilicio de Sprint. "Queremos que la gente se levante de sus escritorios, salga de sus oficinas y se desplace de un lado a otro", dijo.

Los programas que incitan a las personas a moverse más o a comer mejor responden a una creciente crisis en el plano de la salud pública: el Departamento Federal de Salud y Servicios Humanos calculó que en 2000 el costo que representan los norteamericanos obesos o excedidos de peso rondó los 117.000 millones de dólares y advirtió que unas 300.000 personas por año mueren por exceso de peso.

"Hay veces en que, como nación, consideramos que la propia responsabilidad personal no está en cumplir con el trabajo; de manera que debemos entrar en acción", expresó Kelly D. Brownell, director del Centro para los Trastornos de Peso y de Hábitos Alimentarios de la Universidad de Yale. "Podríamos confiar en los padres para que inmunicen a sus hijos, pero no lo hacen, y por lo tanto debemos exigirlo. Podríamos contar con que la gente sea responsable y no fume, pero tenemos inmensas crisis de salud provocadas por las personas que fuman", agregó Brownell.

La obesidad sobrepasó al vicio de fumar como principal preocupación de la salud pública, según una encuesta encargada en mayo último por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en la cual el 79 por ciento respondió que se trata de una cuestión de suma importancia.

En la compañía ferroviaria Union Pacific, el 54 por ciento de los 48.000 empleados está excedido de peso. Sobre la base de una estadística de licencias por accidentes de trabajo y enfermedades, la compañía calculó que reducir ese porcentaje en un punto permitiría ahorrar 1.700.000 dólares, mientras que reducirlo en cinco puntos permitiría ahorrar 8.500.000 dólares.

Sin embargo, ha quedado demostrado lo difícil que es tener éxito en una campaña para que la gente baje de peso. Hace unos 15 años, Union Pacific inició un programa de bienestar integral. Tanto los índices de colesterol como la presión arterial y el vicio de fumar disminuyeron. Sin embargo, el porcentaje de empleados excedidos de peso, que en 1990 era de alrededor del 40 por ciento, aumentó.

Los gerentes de la compañía suponen que la fuerza laboral mayormente masculina sencillamente envejece, ya que sus puestos ferroviarios son cada vez más automatizados y sedentarios. Pero Union Pacific se propuso encontrar la solución y emprendió cinco estudios por separado, incluyendo uno en el que 234 empleados reciben una combinación de pastillas para adelgazar, asesoramiento y manuales para bajar de peso.

Los gimnasios

Tanto Sprint como otras empresas sostienen que no han invertido un solo dólar para lograr que sus empleados bajen de peso y que todo es consecuencia de la investigación que demuestra que los lugares más aptos para caminar tienden a promover pesos más saludables. "Se trata, si se quiere, de un programa forzado de bienestar", señaló Dan Jeakins, un arquitecto de Dallas que diseñó edificios de oficinas que incitan a caminar y a subir y bajar por las escaleras. "Hemos tenido gimnasios y centros para conseguir una buena aptitud física, pero eso varía según los usuarios."

El nuevo complejo de Sprint, que por su diseño se asemeja al de una universidad norteamericana, requirió un cambio cultural. La zona vecina pertenece a los asados al aire libre y a los automóviles; el camino de entrada tiene enfrente una ruta de seis andariveles; un banco de un complejo comercial enfrente de esa ruta tiene seis ventanillas en las que los clientes no necesitan bajarse de sus autos para ser atendidos.

Al principio, en Sprint, los directivos facilitaron la transición y recibían a los empleados con grandes paraguas para quitarles el temor a caminar bajo la lluvia. También hacían circular un trolebús entre los edificios y dispusieron algunos espacios de estacionamiento más cerca.

Pero hay señales de cambio. Hace un año, los empleados solían esperar el trolebús aunque les hubiese llevado menos tiempo ir caminando. Sin embargo, en los últimos meses fueron tan pocos los que lo tomaban que la compañía dejó de hacerlo circular.

"Con sólo ir a almorzar y hasta mi automóvil ya camino más que antes", dijo Brenda Gudenkauf, de 36 años. "Antes, las playas de estacionamiento me parecían lejanas. Estaba convencida de que no me iba a gustar, pero me llevé una agradable sorpresa."

Las escaleras demostraron ser particularmente populares. "Si uno no va al cuarto piso o más arriba, entonces simplemente camina", dijo G. Turner, un gerente de marketing.

Sin embargo, incluso los pequeños cambios tardan en consolidarse.

Mientras almorzaba carne con papas, Tim Eschleman contaba que había visto a varios compañeros manejar en círculo alrededor de la playa de estacionamiento con la esperanza de encontrar un espacio para estacionar más cerca de la salida.

Sprint planificó la construcción de su sede central, un complejo edilicio que abarca unas 70 hectáreas, con un ojo puesto en la eventual buena condición física de sus empleados. Prohibió la entrada de automóviles, para obligar a los empleados a dejarlos en playas de estacionamiento situadas del otro lado de una ruta que rodea el complejo y a caminar hasta ocho cuadras, entre los diversos edificios.
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