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El ayuno prolongado se puso de moda en un sector de la clase media alta norteamericana

Los argumentos son obvios: dejar de comer unos días ayuda a purificar el cuerpo, contaminado de comida basura, y la mente, azotada por el estrés. Los médicos dicen que “sólo es una moda”.

Mientras millones de devotos de las grasas degluten bifes y manteca, unos pocos “conscientes del cuerpo” optan, directamente, por no comer nada. En nombre de la desintoxicación de sus cuerpos contaminados, estos nuevos creyentes se unieron a una legión de ayunadores, hasta hace poco sólo integrada por fanáticos religiosos y enfermos crónicos. Sus argumentos son sencillos: entre 4 y 30 días o más de consumir exclusivamente jugos de frutas y verduras, tés de hierbas, sopas y laxantes, pueden curar cualquier cosa, desde el exceso de peso hasta la piel grasa y el estrés.

Stephanie Paradise, propietaria del Hew Age Health Spa, de Neversink, Nueva York, Estados Unidos, viene prestándole servicios a los defensores del ayuno desde los años 80. “Antes venía gente que hablaba del ayuno para bajar de peso, pero ahora hablan de desintoxicar la mente, el cuerpo y el espíritu”, dice Paradise, cuyos clientes se duplicaron desde 1999. El Centro de Rejuvenecimiento “Arbol de la vida”, en Patagonia, Arizona, EE.UU., administrado por Gabriel Cousens, un auténtico gurú del ayuno, también registró un incremento similar. Y el spa “We Care”, de Desert Hot Springs, California, al que suelen ir Liv Tyler, Ben Affleck y Courtney Love, está lleno hasta fin de octubre. Y eso que cobra 3.484 dólares por semana. Para no comer. Nada.

Además de la literatura a la que recurren los ayunadores de moda, también existen consultores nutricionales que los asesoran, apelando, incluso, a la vanidad. Natalia Rose organiza fines de semana de ayuno de hasta 4 días, exclusivos para mujeres, durante los que combina masajes y tratamientos de reflexología con escapadas al shopping. Es que, cuando desaparece la panza, no hay nada mejor que renovar el guardarropa. Pero no todo es superficial. Rose dice que el ayuno es una depuración completa del cuerpo, que mejora desde la piel hasta el estado de ánimo. “Da descanso al sistema digestivo y tiempo a las enzimas para que se dediquen a curar los órganos, rejuvenecer las células y volver el tiempo atrás, además de la aguja de la balanza,” sostiene.

Sin embargo, en el mejor de los casos, los médicos son escépticos al respecto. Si bien la mayoría de ellos coincide en que un día de ayuno no le hace mal a nadie, rechazan el ayuno prolongado. Y dicen que, como método para bajar de peso, puede ser, incluso, negativo, ya que fuerza al organismo a almacenar energía. “Una vez que termina el ayuno, el cuerpo acumula más calorías”, dice el doctor William Hart, profesor de nutrición y dietética en la Universidad de St. Louis, EE.UU.. Su colega Andrew Weil, uno de los expertos en salud alternativa más influyentes de los EE.UU. coincide con él: “Puede ser bueno para la mente y el espíritu, pero no para el cuerpo. Hay métodos de desintoxicación más seguros: tomar mucha agua, transpirar y eliminar grasas y calorías ingiriendo fibras regularmente”.

La desintoxicación suele ser un tema central en los centros de yoga, donde mucha gente incorpora el concepto de ayuno. Andrea Boyd, profesora del Centro de Yoga Jivamukti, de Manhattan, Nueva York, dice: “Acá todo el mundo ayuna”. Y cuenta una anécdota: “Hace un par de años, para celebrar el cumpleaños número 50 de David Life, uno de los fundadores de la escuela, un grupo de 10 alumnos, profesores y amigos comieron arroz durante 7 días y, luego, realizaron un ayuno de 43 días seguidos; primero, con limonada y, después, sólo con agua”. Por su parte, el mes pasado, la modelo Shaundra Hyre, quien se sentía “intoxicada” de tanto alcohol y comida chatarra, ayunó durante 7 días seguidos. El ayuno, el primero en toda su vida, combinó una mezcla de jugo de limón con jugo de otras frutas y verduras.

“Los primeros dos días fueron difíciles. Me sentía muy deprimida y no quería salir de mi casa”, dice. Pero, al quinto día, después de tomar unas cucharaditas de aceite de sésamo, tuvo tal ataque de náuseas que pensó que iba a terminar en la guardia de un hospital. “Ahora, en cambio, me siento genial, liviana, llena de energía, optimista... Realmente me cambió la mente”. Lo malo es que volvió a fumar, aunque sólo cinco cigarrillos por día. “El ayuno es una experiencia maravillosa”, dice Jenna Jones, que trabaja en un negocio de comida naturista de Nueva York. “Te hace brillar”, afirma, mientras bebe, de a sorbitos, un brebaje bastante espantoso, mezcla de agua, manteca de coco y almendras.

Pero no todo termina en el ayuno. Para muchos, lo que se elimina es la prueba de la pureza interior. “Esto no tiene que ver con lo que uno se mete en el cuerpo, sino con lo que elimina”, dice Joyce Spindler, que trabaja en Chakra 17, un centro terapéutico de Nueva York. “El ayuno es un concepto maravilloso, pero no tiene sentido sin evaluar la eliminación”. La mayoría de los médicos, sin embargo, creen que una dieta sana es suficiente: “Nuestros cuerpos no están sucios. El ayuno y el estudio de la eliminación es una moda que no tiene sustento biológico. El cuerpo humano es una máquina increíblemente eficiente, que funciona a base de alimentos”, dice el doctor Hart de la Universidad de St. Louis.

Es más, muchos médicos creen que el ayuno excesivo y la concentración en la pureza corporal puede reflejar un cierto desequilibrio psicológico. “Para ser directo, el ayuno es un reconocimiento del fracaso”, dice el doctor David Katz, director del centro de investigación y prevención de la Universidad de Yale, EE.UU.. “Es como decir ‘No puedo ejercer un control adecuado de mi dieta diaria y, de alguna manera, tengo que compensarlo’”. El doctor Edward Abramson, profesor emérito de psicología de la Universidad Estatal de California, EE.UU., compara la actitud de los ayunadores con la de los anoréxicos. “Hay una sensación de satisfacción en el ayuno”, dice.

“La sola idea de que uno puede superar las necesidades corporales y el estímulo ambiental de la comida transmite una sensación de pureza y de virtud”. Margo Maine, una psicóloga de West Hartford, EE.UU., especialista en desórdenes alimenticios, sostiene que la moda del ayuno prolongado puede responder al hecho de que cada día la gente le presta más atención a la dieta y la salud. “Hay muchas personas que, hoy en día, reaccionan con fuerza ante la actitud insalubre de la sociedad frente a la comida. De alguna forma, le tienen miedo al impacto de la comida chatarra sobre sus vidas y al fantasma de la obesidad, que se agiganta con los años. Es por eso que un segmento de la clase media alta, que tiene tiempo para ayunar, ayuna”, explica. Está todo dicho.


Los argumentos son obvios: dejar de comer unos días ayuda a purificar el cuerpo, contaminado de comida basura, y la mente, azotada por el estrés. Los médicos dicen que “sólo es una moda”.
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