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Acoso a los gordos

Los españoles somos igual de gordos que los norteamericanos. Esta afirmación puede sorprender a muchos ya que existe la creencia extendida de que EUA es un país de gordos.

Introducción

Los datos aportados por los investigadores holandeses  Seidell y Deerenberg (1994)  sobre la prevalencia de la obesidad en diversos países europeos  indican que  ha aumentado rápidamente en todos los países desarrollados en las dos últimas décadas. Los países mediterráneos  junto a los del este de Europa lideramos el ranking en nuestro continente . Datos de 1993 indican que la prevalencia de sobrepeso en Cataluña es del 31,7% y la de obesidad es del 11,1%. ( Llibre blanc. Avaluació de l’estat nutricional de la població catalana 1992-1993 ) .  Esta cantidad  es más elevada que la de la población blanca norteamericana y  equivalente  a la de la población no-blanca que es el segmento más afectado en ese país.

 

Si ésta es la situación,  ¿ dónde están los gordos autóctonos? ¿ por qué  no se exhiben como los norteamericanos?  Podemos pensar que estos últimos están logrando superar mejor la discriminación de la que son objeto y empiezan a pisar firme exigiendo el debido respeto y defendiendo su derecho a la diferencia de talla.  

Definir el sobrepeso.

El índice de la masa corporal (IMC) es la medida más extendida para definir el sobrepeso.  Su fórmula relaciona peso y altura y consiste en dividir el número de Kg por la altura en metros al cuadrado :  Kg/m2. Por ejemplo, una persona cuya altura es de 1.65 m. y su peso 65 kg tendría un IMC de 23.8 . La OMS  clasifica los diversos niveles de IMC en grados de sobrepeso.  El  Expert Committee on Physical Status de la OMS propone los puntos de corte 25, 30 y 40  de IMC que corresponden a los grados 1, 2 y 3 de sobrepeso. Esta misma organización afirma también que estos puntos de corte no implican aisladamente la necesidad de intervención

terapéutica, antes deberían interpretarse en combinación con otros determinantes de morbilidad y mortalidad como son la enfermedad, el tabaquismo y la presión arterial.

No existe, por tanto, acuerdo sobre cuál sería el peso “saludable”. Idealmente, éste  correspondería a los niveles de IMC en los que la morbilidad y la mortalidad son mínimas, mientras que lo definido como “sobrepeso” debería iniciarse en el punto en que los efectos adversos aumentan.

Más dietas y más obesidad.

En un estudio publicado por Seidell en 1995  éste concluye que

la presencia de  obesidad en Europa se ha incrementado durante las dos últimas décadas. Indica igualmente que la práctica habitual de restringir las calorías de la dieta en  los diversos países no solo ha fracasado en su  intento de prevenir y reducir  la obesidad sino que además ha provocado un aumento de la prevalencia.

 

La investigación clínica actual hace entrever la limitada eficacia de las dietas hipocalóricas como método prioritario para lograr mantener sus resultados a largo plazo.  Datos  recientes de EUA   indican que el 98% de las personas que se someten a dietas recuperan el peso perdido al cabo de cinco años y que el 90% vuelven a ganar  el peso perdido  y un poco más en el mismo período ( National Institutes of  Health, 1992).  El estudio Framingham  sobre el corazón, publicado en el New England Journal of Medicine en 1991 establece que el riesgo de cardiopatía se eleva a un  70% en las personas que fluctúan constantemente de peso a lo largo de su vida ( el síndrome del yo-yo)  en comparación con los estables. Además , ésta variación cíclica de peso favorece una recuperación más rápida a causa de sus efectos sobre el metabolismo. Así, parece evidente que es más saludable para el corazón convivir con  el sobrepeso  que hacer frecuentes intentos de dieta. 

 

La idea de un cuerpo maleable que puede ser modificado para adecuarse al modelo estético que impone la moda en nuestros tiempos empieza a ser desestimada por no realista. El origen del sobrepeso responde a una multiplicidad de factores genéticos, ambientales, culturales y  socioeconómicos. Los datos aportados recientemente por la ciencia demuestran cada vez más el papel preponderante de la fisiología, de la bioquímica y de los genes, por lo que deberíamos dejar de considerar la obesidad como un simple problema de “ fuerza de voluntad”.  En realidad el margen de variación ponderal esperable se reduce aproximadamente al 15-20%.  Este porcentaje es el  correspondiente a las variables

que dependen del entorno y estilo de vida:  la temperatura, la cantidad  de la ingesta, el comportamiento, las características de la nutrición y la actividad física.

Lo gordo puede ser bello.

_“ Ya habrás llegado a la talla 50, ¿ no?”

_“ Si, nunca había logrado pasar de la  talla 48.”

_ “ Estás muy guapa.”

_ “ Gracias, lo mío me ha costado.”

 

Este diálogo,  que en nuestro medio podría calificarse de surrealista, podría formar parte de la política activista de la norteamericana NAAFA ,  National Association to Advance Fat Acceptance , cuya traducción podría ser Asociación Nacional para el Desarrollo de la Aceptación de la Gordura.  La filosofía inicial de este grupo formado a finales de los sesenta en Nueva York  era organizarse a escala nacional para elevar  la autoestima de las personas gordas , fomentar una visión más respetuosa y equilibrada de la obesidad en una sociedad anti-gordos y luchar contra el estigma social.  Posteriormente se añadieron colectivos feministas contrarios a la doble opresión de la mujer : el sexo y el peso. Por último, su crecimiento máximo se produjo en los ochenta a raíz de la eclosión

de los trastornos del comportamiento alimentario, anorexia y bulimia, cuyo origen reside, en gran medida, en la presión social a la que están sometidas las mujeres para  adecuarse a un determinado tipo físico. 

Aceptación de la envergadura.

El movimiento llamado “ size acceptance “ o aceptación del tamaño introduce la idea  de que las personas deben ser aceptadas y respetadas igualmente tengan el tamaño que tengan: delgados, gordos o intermedios. Afirma que la manipulación  del peso corporal no es deseable e incluso puede ser perjudicial y que la restricción calórica  intermitente puede producir,  paradójicamente y a largo plazo,  incrementos de peso en lugar de reducciones.

 

La finalidad política del movimiento consiste en reivindicar la adaptación de los lugares públicos a las necesidades físicas de las personas corpulentas, asientos en los cines , teatros y aviones .

Promover  la oferta de ropa en todas las tallas, a precios asequibles, no más cara que la de tallas menores y de diseño actualizado. Lograr  que en los medios de comunicación se vaya introduciendo  un  concepto más amplio de belleza . Divulgar datos de los estudios que confirman las consecuencias adversas de las dietas hipocalóricas restrictivas  sobre el metabolismo y su papel precipitante en  los  trastornos de la conducta alimentaria. Educar a los ciudadanos y especialmente a médicos y personal sanitario para que utilicen un trato más respetuoso en su interacción con las personas corpulentas. Defender los intereses de la población gorda en el ámbito de la investigación sobre la obesidad con el fin de que ésta modifique sus objetivos : en lugar de adelgazar a los gordos, lograr que sean  más sanos.

 

En el aspecto personal  aconsejan reconciliarse con el propio cuerpo tratándose bien . Esto implica alimentarse adecuadamente,  practicar  actividad física por el placer y para lograr una mejor  forma  y no con la idea exclusiva de perder peso  y, por último,  arreglarse y vestirse bien sin esperar a perder kilos .

 

 

Abandonar la idea de esperar a haber adelgazado para empezar a disfrutar de la vida.  Desarrollar el auto  respeto recordando que deben exigir ser tratadas correctamente.  Esto significa no admitir comentarios en contra de la gordura ni incorporar ideas de auto desprecio a sus propias creencias.  Si bien admiten que no todas las personas  que luchan en contra de la discriminación por el peso aceptan totalmente su tamaño ,  advierten que esto puede ser debido al impacto de la cultura anti - gordura imperante  que pretenden erradicar. 

El negocio de la insatisfacción corporal en nuestro país.

Los millardos de pesetas que se mueven en el negocio de la insatisfacción corporal, especialmente centrado en la mujer, es un objetivo primordial en el activismo de este movimiento.

Nuestro país no es ajeno a este problema e incluso es posible que la discriminación se ejerza en pesos más reducidos .  Los mensajes subliminales en los medios son tan poderosos que toda mujer en nuestra sociedad aprende, desde antes de la pubertad a estar disconforme con su cuerpo. Los nutricionistas informan  que cada vez hay más mujeres de peso normal que acuden a sus

consultas para adelgazar. Las revistas femeninas presentan fotos de jóvenes con un cuerpo perfecto subidas a la báscula y preocupadas por los “ kilitos” adquiridos las pasadas fiestas de fin de año. Los gimnasios están repletos de mujeres de peso absolutamente normal, insatisfechas por la forma de sus muslos. La anorexia nerviosa se está presentando en niñas de 9 años. Las niñas de 11/12 años están haciendo dietas hipocalóricas. La mujer con sobrepeso que se atreve a entrar en una tienda de ropa  en nuestra ciudad es mirada con desprecio y conmiseración y suele salir con la respuesta de que no hay talla para ella.

Pareciera que existen muchos intereses en juego para fomentar la insatisfacción más que la salud en el negocio de las calorías .

Si los datos sobre las tallas de las españolas no nos engañan, existen muchas mujeres rellenitas, gorditas y obesas en nuestro país. ¿ Por qué no las vemos como reflejo de nuestra realidad en la televisión y en las revistas?

 

Entre los estragos psicológicos causados por la autoexigencia impuesta de adelgazar, la autoatribución de los fracasos repetidos en desafiar la inclinación genética y a la valoración social ligada a la figura se hallan la depresión mayor, la ingesta compulsiva o por atracones y la autoestima reducida o fluctuante estrechamente asociada al peso corporal. A pesar de la resistencia de muchas mujeres a asumir su condición de persona gorda, y aún más a afiliarse a un grupo, ya  existe en Barcelona alguna iniciativa con el objetivo de apoyar social y psicológicamente a estas personas en su lucha contra el rechazo.

 

Sugerencias de la NAAFA sobre la salud.

 

·     Priorizar la forma física y el estilo de vida  sobre la exigencia de adelgazar, siempre que sea posible.

·     Rechazar la utilización de métodos agresivos para adelgazar como son las fórmulas magistrales que incluyen extractos tiroideos, derivados anfetamínicos y otros fármacos combinados.

·     No aceptar ser culpabilizados por el fracaso en perder peso. No permitir comentarios de rechazo y desprecio por no poder seguir una dieta. No asimilarlo a un problema de fuerza de voluntad. No admitir un trato basado en el temor.

·     Existe evidencia de que la pérdida de peso reduce la severidad de ciertas enfermedades como la diabetes y la hipertensión . Sin embargo, dada la alta probabilidad de que ese peso se recupere, cabría preguntarse si una mejoría de corta duración podría beneficiar a estos afectados de modo permanente.

 

Recomendaciones de la NAAFA al personal sanitario.

·     Tener una actitud considerada con el paciente obeso . Recordar que éste ha tenido que sufrir muchas experiencias negativas a lo largo de su vida y que ya habría adelgazado si hubiera podido.

·     No condicionar el tratamiento a la pérdida de peso, si esto es posible.

·     No pesar sistemáticamente a los pacientes gordos, si no es necesario. Si fuera inevitable, hacerlo con discreción y evitar comentarios.

·     Tener material de medición de la presión arterial adecuado a todas la tallas: agujas, torniquetes de Esmarch y manguitos. 

·     No insistir en que el paciente adelgace de entrada antes de recibir tratamiento para molestias no relacionadas con el peso.

·     Ofrecer asientos adecuados en la sala de espera.

·     Las camillas tendrían que ser suficientemente amplias para acoger pacientes obesos y las batas de tallas supergrandes.

 

 

Isabel S. Larraburu

http://www.compumedicina.com/consulta_isl/

[email protected]

Los españoles somos igual de gordos que los norteamericanos. Esta afirmación puede sorprender a muchos ya que existe la creencia extendida de que EUA es un país de gordos.
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