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¿Son los gordos gente a respetar?

por yveda yveda
jueves, 12 junio 2008

 Texto tomado de http://www.noticiasdealava.com

 Enlace directo: http://www.noticiasdealava.com/ediciones/2006/08/16/opinion/tribuna.php

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Tribuna Abierta

¿Son los gordos gente a respetar?

por nicola lococo enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

C ON el verano, ha llegado el sol, el buen tiempo, el asfixiante calor, las vacaciones, los días de playa y, ¡cómo no!, un exacerbado culto al cuerpo, que si bien merecido lo tiene en mente sana, no así en esta podrida sociedad donde la estética se superpone a la ética, tanto o más que sobre el Ser prevalece el estar y aparecer, sobre todo, aparecer. Gimnasios, balnearios, productos de dietética y un sinfín de superchería bombardean con el apoyo de los medios nuestra ya de por sí frágil y acomplejada autoestima, con el único propósito de hacer su agosto a costa de nuestra probada ingenuidad, nuestro malestar psíquico e incluso nuestra salud. Y es que de un tiempo a esta parte, la obesidad, la corpulencia, o si se prefiere la voluptuosidad de las formas y carnes, con las que revestimos nuestra personalidad, son continuo blanco de un ávido mercado que, sin escrúpulos, no duda en hacer la vida insoportable a cuantos, por un motivo u otro, no comparten los parámetros físicos hoy impuestos, y establecidos, para las tallas que en serie fabrican las marcas de moda cuyo dictado ya nos viene dado y anunciado sin sonrojo por maniquíes esqueléticas.

Así las cosas, uno llega a cuestionarse si las personas gordas tienen cabida en nuestra opulenta y viciada sociedad, y si se les debe respetar entre nosotros su actual condición y circunstancia. La cuestión entonces es, si ¿son los gordos gente a respetar? Por supuesto, habrán avezados moralistas, turistas domingueros de la eticidad, que armados con sus sacrosantos principios teológico-metafísicos anclados en el uso y la costumbre, me indiquen que, por supuesto debemos respetar a los gordos, por cuanto son personas humanas, criaturas de Dios, sujetos de derecho y con carta de ciudadanía,bla, bla, bla . Pero yo no voy a eso: Yo pregunto si los gordos, en cuanto gordos, son gente respetable en su gordura.

Y aquí debo decir, que de lo que se trata por un lado, es de saber si la obesidad es un vicio, un defecto, una enfermedad, o acaso un modo más de ser que el cuerpo humano puede adoptar en un momento dado, o de por vida, sin mayor apreciación. Y por otro, hemos de profundizar en nuestra noción de respeto, pues a lo mejor, nuestro concepto de respetar a los demás se queda corto con el mero hecho de dejar en paz. Empecemos pues por despejar la cuestión del estatus formal que hemos de dar a la obesidad, para luego reflexionar sobre cómo y en qué medida se ha de respetar a cuantas personas participan de ella. Aparte de LaMaja Vestida y La Maja Desnuda que hay en El Prado, hay dos obras paralelas llamadas La Monstrua Vestida y La Monstrua Desnuda del pintor Carreño (siglo XVIII) que representan a una niña ciertamente gorda y grande para su edad, pero en modo alguno monstruosa. La niña se llama Fulgencia Martínez y padecía una extraña enfermedad hereditaria, el síndrome Brader-Willi.

Su aspecto deforme era en verdad monstruoso, pero no la gordura, pues en siglos precedentes y años posteriores, como lo atestiguan las rollizas Tres gracias de Rubens , se rendían honores a la voluptuosidad de las carnes, verdaderas curvas de la felicidad. Todo lo contrario de hoy en día, donde la gordura, además de remitir al tradicional pecado y vicio de la gula, se relaciona con toda clase de enfermedades cardiovasculares, malos hábitos alimenticios y bajo estrato cultural y social. Pocas son las excepciones en nuestro tiempo, en las que la opulencia no se oculte y se muestre con dignidad: Salvo Caballé y Pavarotti. Y menos aún, son los creadores que como Botero se atreven ya a ver en ello belleza, o siquiera motivo artístico de representación. Esta moda anoréxica que no es natural está creando una presión física, social y psicológica contra una multitud de gente que se ve indefensa e incapaz, ante tan artificial circunstancia adversa, y cuya única opción es ocultarse de las miradas obscenas como el elefante que se esconde detrás de una margarita.

Sin embargo, indistintamente de la positiva o negativa actitud que históricamente cada tiempo haya tenido para con la obesidad relativa de cada cual, ni antes ni ahora, se cae en la cuenta de que la delgadez o corpulencia de un organismo puede no tener que ver con el pecado de la gula, ni con su posición social, ni con enfermedades... Es posible que el grado de obesidad de cada cual, sea más un asunto genético, que un aspecto social, o individual, como pueden serlo el color de ojos, la estatura... Desde esta otra perspectiva, hacia donde apuntan los recientes estudios genéticos, cabría albergar la esperanza de que dejásemos de agobiar de forma sistemática a las personas gordas de nuestro entorno y de que los medios de comunicación zanjasen su bombardero continuo de modas, reproches y auténtica campaña de acoso social al que tiene sometido a éste colectivo. Con todo, es de suponer que en la media que la gente vaya percibiendo la obesidad como algo hereditario y, por ende, arbitrario y azaroso, la sociedad sea más indulgente con las personas gordas, por cuanto pueden verse afectadas.

Pero el respeto del que aquí nos ocupamos, y que aquí nos interesa, no es aquel que se limita a tolerar la gordura, o a sencillamente permitirla como una opción de la esfera individual, sino que respetar a las personas gordas habría de equivaler a hacer ropa en serie de su talla, asientos en el transporte público adecuados a su corpulencia, programas y series de televisión donde aparezcan como protagonistas sin el estereotipo del gordo despreocupado y feliz, escaparates con maniquíes representativos de su realidad, etc.

Es decir, respetar a las personas gordas no es sólo no meterse con ellas por ser gordos, o no reirse de ellos por su obesidad, pues ello sencillamente es una cuestión de civismo y humanidad, que le debemos a la persona en cuanto tal. Respetar a la persona gorda supondría ampliar el estrecho concepto de respeto que abarca al de tolerancia, y aún al de no agresión, e introducir la noción de satisfacer sus específicas necesidades, retratarles tal cual son, no privarles del acceso a cargos representativos por su imagen, y el ahorrarles por descontado de cuantas actitudes hostiles por parte de todos, hoy son objeto. Es en este sentido que los gordos son gente a respetar, y no sólo en el que la moralina habitual pretende hacernos creer.

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