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ENTREVISTA `PARA EL SEMANARIO ARGIA DEL PAIS VASCO, ESPAÑA

por myke tyson
viernes, 17 agosto 2007
 

La sanidad pública nos quiere hacer adelgazar

Unai Brea

Ni el sida, ni el cáncer... En los últimos años, uno de los problemas que más quebraderos de cabeza causa a los organismos públicos de salud del mundo es la obesidad. Especialmente a los del Primer Mundo. Rodeados de aparatos que trabajan por nosotros, y con los frigoríficos bien llenos, no siempre de alimentos sanos, nos hemos dedicado a acumular grasas. Es un problema sanitario, pero todavía, al parecer, no lo hemos interiorizado como es debido.

La sociedad occidental engorda sin cesar. Vivimos más cómodos, y más gordos, según parece. “La principal característica de la obesidad es una acumulación excesiva de grasa a largo plazo”, afirma Itziar Txurruka, profesora de la Facultad de Farmacia de la UPV y experta en nutrición, “y la razón de esa acumulación es el desequilibrio entre el consumo de calorías y el gasto de energía. Nos referimos siempre a países desarrollados; tenemos muchos alimentos, y muy energéticos, a mano, y hacemos poco ejercicio físico”.

Nuestro modelo de alimentación ha cambiado, según Txurruka: “Tomamos muchos lípidos, tanto en lo que a cantidad como en lo que a frecuencia se refiere”. Ahora que continuamente se alaba a la dieta mediterránea, parece que sobre la mesa se impone la de EEUU. Y eso produce, inevitablemente, obesidad. No es para tomárselo a broma, en opinión de los organismos sanitarios. La OMS declaró hace tiempo que la obesidad es una enfermedad; es más, la ha definido como la epidemia del siglo XXI. “ Es cierto que hemos engordado, y mucho”, dice Itziar Txurruka, “en Europa, por ejemplo, el 10$ de la población es obesa; en cuanto al sobrepeso, lo padece un 36$ de los hombres y un 25$ de las mujeres”. Más de una cuarta parte de los europeos está, por lo tanto, a las puertas de la obesidad. “Es un problema de salud pública, y grande”. Se debe tener en cuenta que además de ser una enfermedad, la obesidad puede provocar o agravar muchos otros males.

Llevados por esa preocupación, en los últimos años se están estableciendo muchas medidas contra la obesidad, tanto en Europa como en EEUU. Al otro lado del Atlántico, en todo caso, los ciudadanos de a pie no tienen las cosas tan claras. Según afirma Txurruka, los europeos, a pesar de comer de forma inadecuada, sabemos al menos cuál sería la dieta más recomendable. La mayoría de los estadounidenses, en cambio, no conocen los riesgos de sus pautas alimenticias. Quizá por eso, lo que en Europa es sobrepeso en EEUU no lo es tanto. “Una persona con un índice de masa corporal (IMC) superior a 25 tiene sobrepeso, y debería empezar a cuidarse, al menos para no engordar más. En EEUU, sin embargo, se dice que hasta 27 no hay problema. No es muy correcto desde el punto de vista de la ciencia, pero de otro modo tendrían a un porcentaje demasiado elevado de la población en la lista de los que necesitan cuidarse”.

14 millones de obesos en la Unión Europea

Los europeos somos un poco más delgados, pero se diría que tenemos envidia de los estadounidenses, ya que hemos tomado su mismo camino. En la UE padecen obesidad aproximadamente 14 millones de personas, y el 7$ del gasto de la sanidad pública tiene que ver con esa enfermedad. En algunos países, las cifras son mayores. En España, Portugal e Italia, como por ejemplo, tiene sobrepeso el 30$ de las personas entre siete y once años. La Comisión Europea tiene previsto que en el 2030 seis de cada diez ciudadanos tendrá sobrepeso, de mantenerse la tendencia actual.

Estos datos causan preocupación en las instituciones públicas, dando pie a lo que algún medio de comunicación ha definido como “cruzada contra la obesidad”. Recientemente hemos conocido nuevos capítulos en esa lucha: en mayo, el comisario de Sanidad europeo, Markos Kyprianou, presentó un nuevo paquete de propuestas para hacer frente a la obesidad, y entre otras cosas, recordó la responsabilidad de la industria alimentaria. La UE le pide dos medidas en especial: que controlen las cantidades de sal, grasa y azúcar de sus productos, y que hagan una publicidad adecuada. “ La industria se tiene que dar cuenta de que el tiempo se está acabando, si de verdad queremos obtener resultados”, declaró Kyprianou ante los medios de comunicación, “les hemos dado incentivos suficientes para que tomen las medidas adecuadas en la lucha contra la obesidad; de otro modo, corren el riesgo de que se cree una ley que regule su actividad”. El mensaje es claro.

Hay muchos que no verían con malos ojos una ley de ese tipo, entre ellos más de una asociación de obesos. Así nos lo ha indicado, por ejemplo, Manuel Fernández del Campo, de la asociación española AGO: “La OMS dijo a finales de los 90 que la obesidad era una pandemia, y muchos países de todo el mundo están actuando en esa sintonía, pero haciendo recomendaciones, no leyes”. Otra asociación española, Asofe, afirma lo mismo, por boca de su presidenta Berta Piñol: “Últimamente se han establecido muchas medidas, pero nos parece que es pura imagen. No toman las medidas que de verdad se deberían tomar”.

Tanto Fernández del Campo como Piñol se refieren a las medidas implantadas por el Ministerio de Sanidad español. El eje de esas medidas es la estrategia NAOS, puesta en marcha en febrero de 2005. El objetivo principal es hacer ver a los ciudadanos que la obesidad es un problema realmente grave y, al mismo tiempo, potenciar hábitos de vida saludables, especialmente entre niños y jóvenes. De igual modo, se le ha pedido a la industria que introduzcan menos sal, azúcar y grasas en sus productos, siguiendo la misma línea marcada por la Unión Europea. Muchas empresas ya lo han hecho así, tal como recientemente destacó la ministra española de Sanidad, Elena Salgado, en una optimista valoración pública de la estrategia NAOS.

La estrategia NAOS concede especial importancia a la publicidad televisiva. Así se ha creado el código PAOS. Es, a fin de cuentas, una serie de recomendaciones acerca de la publicidad de los alimentos dirigidos a los menores de edad. Otro código de autorregulación, al fin y al cabo. Según fuentes del Gobierno de Madrid, la mayoría de las empresas del sector, incluidas las 35 más grandes, están dentro de dicho código.

En el Estado francés también se han tomado medidas, y de no poco calado. Es decir, que se han establecido incluso prohibiciones. Por ejemplo, las máquinas expendedoras de dulces están prohibidas en las escuelas desde 2004. Además, se han establecido reglas muy estrictas sobre la publicidad de ese tipo de alimentos. Según los datos, en los últimos veinte años el número de niños obesos ha aumentado un 17$ en Francia. Tomando en cuenta al conjunto de la población, el número de obesos se ha doblado desde 1990 (un 12$, en total).

También otros países han decidido imponer reglamentos. En 2004, el Gobierno de Gran Bretaña empezó a dar pasos para que se emitieran menos anuncios de “comida-basura” de seis de la tarde a nueve de la noche, a la hora en que se supone que hay más niños viendo la televisión. Ahora, la Agencia de Estándares de la Alimentación de ese país ha solicitado al gobierno que endurezca las medidas; quieren que se prohíban los spots de ciertas comidas en toda la franja horaria previa a las nueve de la noche. Gran Bretaña es, en concreto, el país con mayores problemas de obesidad de Europa. De hecho, y según un estudio de la Universidad de Kingston (Canadá), la obesidad, siendo un problema mundial, es más grave en EEUU, Gran Bretaña y suroeste de Europa.

Si en algún sitio las cifras son para echarse a temblar, lo son en EEUU. Se ha calculado que el 65$ de su habitantes es obeso, y el gobierno, finalmente, ha tenido que tomar cartas en el asunto, tras negarse, durante muchos años, a admitir que la obesidad sea una enfermedad. Así, Washington ha decidido que los tratamientos relacionados con la obesidad se financiarán mediante el fondo para la sanidad pública, precisamente en el bastión de la sanidad privada. En opinión de Manuel Fernández del Campo, de la asociación AGO, esa medida tiene una causa concreta: últimamente, muchas personas obesas han empezado a demandar a los productores de alimentos, de igual manera que los fumadores a las industria del tabaco. “Han decidido hacer frente a la obesidad con dinero público para frenar esas demandas”. En Europa no se acostumbra a interponer ese tipo de denuncias. Algunos se han atrevido, según dice Fernández del Campo, pero los intentos han resultado, en todo caso, baldíos.

Información sí, pero…

La preocupación por la obesidad ha influido en nuestra vida diaria. Raramente transcurre una semana entera sin que los medios de comunicación publiquen un reportaje, un estudio o un nuevo dato. Tenemos mucha información, pero eso no es en sí una solución, en opinión de la profesora Itziar Txurruka. Quizá porque es demasiada información. “De lo que se publica, ¿qué es correcto y qué no?”.

Txurruka pone como ejemplo las “dietas mágicas”: “En nuestras clases analizamos esas dietas con los alumnos, cuáles son sus lados buenos, cuáles los malos, etc. La conclusión es que la mayoría debería estar prohibida. Y quienes siguen esas dietas, en el hospital”. Fernández del Campo, por su parte, quisiera campañas informativas más agresivas: “La administración ha demostrado que sabe, en el caso de otros problemas de salud pública, hacer campañas que llegan a la gente. ¿Por qué con la obesidad no? Han comenzado a hacer algo, pero muy débilmente”.

Como bien ha afirmado Txurruka, la obesidad está estrechamente relacionada con el dinero. Los obesos les salen caros a la sanidad pública, pero para la sanidad privada, en cambio, son una ganga. “Mucha gente se ha enriquecido gracias a nuestro problema”, se queja Berta Piñol, de Asofe, “y la sanidad pública ha dado algunos pasos, pero muy pequeños”. Por ejemplo, la espera para una intervención de cirugía bariátrica –cirugía para hacer frente a la obesidad- puede prolongarse hasta cinco años. Es mucho más corta en la sanidad privada, claro está, pero las condiciones no son siempre las más idóneas. “No se pueden hacer operaciones de ese tipo en clínicas sin Unidad de Cuidados Intensivos, pero se hacen”, denuncia Piñol. “Antes de una intervención bariátrica se debe cumplir un protocolo, y ese protocolo dura un año –añade Fernández del Campo-, pero en muchas clínicas privadas no se cumple. En un par de días te meten al quirófano”. La sanidad pública es demasiado lenta y la privada puede salir muy cara: unos 20.000 euros por una intervención sin complicaciones, dice Fernández del Campo. Si surgen dificultades, las cifras aumentan, y hay quien lo ha pagado incluso con su vida. Muchas asociaciones de obesos, de hecho, son asociaciones de damnificados por la cirugía bariátrica.

La obesidad es una enfermedad, pero en el imaginario colectivo esa idea no ha calado del todo por ahora. Es más un problema social, que tiene que ver con la estética. “También hay un gran desconocimiento por parte de los médicos”, dice Berta Piñol. Itziar Txurruka se expresa en el mismo sentido. “En teoría, los expertos en nutrición deberían trabajar junto a médicos y farmacéuticos. Pero en la medicina de familia, a día de hoy, no es así”. Nuestro médico no sabe, al parecer, todo lo que debería saber sobre estos temas. “De cualquier manera –dice Txurruka- se han empezado a abrir farmacias en las que dietistas y farmacéuticos trabajan juntos”. El caso es que la mayoría sabemos qué es lo que deberíamos comer, pero siempre preferimos otra cosa.

La anorexia y la bulimia no son cuestión de “moda”

No todos los problemas relacionados con el peso tienen que ver con la obesidad. En el otro extremo están los trastornos de la alimentación, no tan extendidos como la obesidad pero, como recuerdan desde algunas asociaciones de obesos, causantes de mayor alarma social. Según afirma Idoia Martínez, psicóloga de ACABE, asociación que lucha contra la anorexia y la bulimia, el problema no está tan estrechamente relacionado con la moda como se suele creer.

“La mayoría de enfermas que acuden a mí –dice Martínez- son mujeres adultas, de veintipico años, más bulímicas que anoréxicas. Y su realidad cotidiana no tiene nada que ver con el mundo de la moda. Llevo trabajando aquí seis años, y ninguna me ha mencionado el nombre de una modelo. Su problema no es que se quieran parecer a alguien en concreto, sino que quieren sentirse a gusto con ellas mismas. No se le puede echar toda la culpa a la moda. Creo que tienen más que ver algunos cambios que se han dado en las últimas décadas: el modelo de alimentación, el lugar que ocupan las mujeres en la sociedad... A las mujeres se les exige mucho: que sean buenas profesionales, que tengan la casa como los chorros del oro... y además, que estén esbeltas y guapas. Debido a esa presión, a veces, el equilibrio se rompe. Y la anorexia y la bulimia son consecuencia de ello. Son problemas psicológicos graves, y en ocasiones me enfado cuando escucho que la única meta de las pacientes es tener las medidas de las modelos, o sea, que son personas frívolas cuya única preocupación es esa. Unir moda y anorexia no les hace ningún favor a las pacientes. No digo que no tengan ninguna influencia, pero...”

El caso es que durante los últimos meses han estado en boca de todos algunas noticias que relacionaban ambos temas. Por poner un ejemplo, la casa Cibeles de Madrid prohibió que desfilaran por sus pasarelas chicas con un índice de masa corporal (IMC) menor de 18. Iñigo Olasagasti, director de la escuela y agencia de modelos First, de Donosita, cree que la moda sí tiene parte de culpa en el aumento de la anorexia y la bulimia, “pero una parte ni muy grande”. Parece que las raíces son más profundas: “En la sociedad, hoy en día, se exalta la delgadez. Por otra parte, me parece bien lo que ha hecho Cibeles, pero no vale de mucho, porque las pasarelas más importantes del mundo no han tomado medidas similares”.

Olasagasti destaca que no se deben unir modelos y anorexia: “Llevo quince años en First, y no recuerdo a ninguna chica que haya tenido anorexia” . Por otro lado, el aspecto de las medelos es engañoso: “Son muy delgadas, pero porque esa es su constitución, no porque tengan trastornos de alimentación”. Se debe recordar que el IMC es un simple número, y que no todos los casos son iguales. En palabras del director de First, mayor problema es querer parecerse a esas modelos que son de por sí muy delgadas.

El índice de masa corporal

La obesidad es algo relativo. “Alguien que en la calle nos parece obeso no tiene por qué serlo”, dice Itziar Txurruka. “Lo importante es el porcentaje de masa que tenemos en nuestro cuerpo, y lo que vemos a simple vista, muchas veces, nos miente”. Por ejemplo, el músculo pesa más que la grasa, de tal manera que una persona muy musculada puede tener los mismos kilos que otra, sin estar tan gorda.

“Hoy en día se usa el índice de masa corporal (IMC). No es lo más indicado, pero es que en un ambulatorio no se pueden hacer mil pruebas. O sea que se tira para adelante con eso, y su hay un problema, se hace un análisis más profundo”, explica Txurruka. Calcular el IMC es un ejercicio de simple aritmética. El peso (expresado en kilogramos) dividido por el cuadrado de la altura (en metros). En personas adultas se considera saludable un IMC entre 18,5 y 25. Por debajo de esa cifras puede haber un déficit alimentario u otro problema de salud, y por encima hay sobrepeso. Estas cifras se usan en personas entre 25 y 34 años. A partir de ahí, aumentan un punto cada diez años.

Algunos datos de la CAV

El año pasado, el Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco publicó la encuesta de nutrición de 2005, tras analizar las costumbres alimentarias de la población entre 4 y 18 años de edad. El 12$ de los incluidos en ese tramo de edad es obeso. La mayor prevalencia de la obesidad se da en los chicos de 11-14 años (19$) y las chicas de 15-18 (16$). En cuanto a la prevalencia del sobrepeso, es de más del 30$ en los chicos de 7-14 años, así como en las chicas de 15-18.

Según el informe Plan Vasco de Salud 2002-2010 publicado por el mismo departamento, en 2002 el 10$ de los mayores de 16 años era obeso. El objetivo del Gobierno Vasco es redecir ese porcentaje al 8$ en 2010.

“Manzanas” y “peras”

“Si el sobrepeso se debe a una acumulación de grasa, puede ser peligroso”, dice la experta en nutrición Itziar Txurruka. “De cualquier manera, hay que tener en cuenta dónde se da esa acumulaciñon”. Txurruka indica que hay dos tipos de gordura: la de forma de pera, cuando la grasa se acumula en las caderas, y la de forma de manzana, cuando la grasa está en la zona de la tripa. La primera es más frecuente en mujeres, la segunda en hombres; y esa es, precisamente, la más peligrosa. “En la de forma de pera, toda la grasa suele estar debajo de la piel, y no es muy activa metabólicamente. Así pues, no es tan grave que se acumule. Si la grasa se sitúa en la tripa, en cambio, suele estar en la zona de las vísceras, y es bastante activa metabólicamente. Eso puede crear más problemas”. Hasta hace poco, se pensaba que el tejido adiposo era un simple almacén –se acumula ahí la grasa que nos sobra, y cuando la necesitamos la tomamos-. Pero no es así. El tejido adiposo es como cualquier otro tejido. Tiene su metabolismo, en definitiva. Y cuando tenemos demasiada grasa, pueden darse cambios perjudiciales en ese metabolismo. Cuidado con las manzanas, por tanto.