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EL ABISMO DE LOS SOLITARIOS...

por carmen badia
lunes, 16 julio 2007

 Era una mañana soleada de un día dulce cuando de repente el sol desapareció, el día era noche, y la noche era día... los gatos no maullaban ni los perros ladraban, de repente se escuchaba a lo lejos el grito de una persona, no era mas que el grito desesperado de un solitario...
Al correr los minutos y los segundos se oye un eco a lo lejos de la vía del tren... era otra persona que gritaba desesperada por la soledad, y luego como magia se oyeron repetidos gritos como canciones uno tras otro, otro tras uno, eran los gritos de aclamación, de dolor y de desesperación de miles de personas que se sentían solas, persona que se sentían acompañadas, pero sin embargo no lo estaban, porque al caer el día y convertirse en noche, al suceder la transición de sol a luna, esas miles de personas se dieron cuenta de que estaban solas, se dieron cuenta de que a su alrededor las personas las oían pero no las escuchaban, las miraban pero no las veían, las tocaban pero no las sentían, se dieron cuenta de que ellas estaban allí pero no existían...
De repente la transición se volcó a su fin, dejando a su paso un ambiente frió y estremecedor, al pasar los segundos con los minutos, los solitarios dejaron de gritar y de repente comenzaron a correr desesperadamente e inusitadamente, corrían sin rumbo, comenzaron a correr sin ton ni son, corrían para acá y para allá a una velocidad incalculable, era difícil de distinguir a alguien entre esa muchedumbre despavorida, corrían sin sentir cansancio, corrían contra el tiempo, corrían huyéndole a la soledad...
En el cielo se comenzó a hacerse un hoyo, profundo y con una magnitud incontable, el sol y la luna se detuvieron, los minutos y los segundos no transcurrieron... se produjo un abismo inmenso.
Ese abismo, ese espacio oculto que hizo que el tiempo no existiese de nuevo, fue el culpable y el responsable de que miles de personas volvieran en si y aprovecharan a la luna, al sol, a las horas, y los minutos para hacer de ellas personas nuevas, que no sintieran la soledad nunca mas, comprendieron que no están solas en este mundo y que hay miles de personas que se sienten como ellas, que necesitan sentirse necesitados, desde ese momento, y en ese abismo, no existen ni horas, ni minutos, ni sol, ni luna, porque para ellos se acabo la soledad, ya no contaban los minutos, ni los segundos para tratar de no quedarse en el intento de ser personas nuevas...
Desde ahora los perros volvieron a ladrar y los gatos a maullar, ya que es el comienzo de otra era...

ojos de arena.