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Y TU... QUE CREES?

por Katiuska Bianey Bautista
domingo, 08 julio 2007

 

Todos tenemos un sinfín de creencias a las que -consciente o inconscientemente- nos adherimos. Unos creemos que los perros son la mejor cura para la soledad y la depresión, otros pensamos que una mujer que decide no tener hijos no sabe de lo que se está perdiendo, y otros, aun, insistimos en que tal o cual religion es la única verdadera. En fin, nos pasamos la vida creyendo, afirmando, sosteniendo.

Pero, como todo en la vida, este ying también tiene su yang. En otras palabras, si, de una parte, es posible ser afectados positivamente por nuestras creencias, también es posible que éstas socaven nuestras fortalezas mentales, emocionales y espirituales.

Por ejemplo, ¿aguantarías tú que alguien te comentara, a boca de jarro, “pero, qué mal te ves”? ¿Le permitirías a un desconocido que se burlara de ti diciéndote “la verdad es que tienes ese fondillo como una pantalla de drive-in”? Y no me negarás que serías capaz de jincarle un puño al que se atreviera a decirte “nada te sirve, nada te queda bien, eres un adefesio”.

Y no creas que sólo tú lo haces. Tristemente, la mayoría de las personas se autoinsulta con una facilidad que, francamente, da miedo y apena.

Esto, claro está, lo debaten y refutan cientos de pisquiatras, psicólogos y motivadores que han comprobado, una y otra vez, que no sólo “somos lo que comemos”, como dice la máxima, sino que “somos lo que oímos”. Prueba de ello son los miles de millones de niños en el mundo cuyos padres los maltratan de palabra, y quienes crecen pensando -y, lo que es peor, CREYENDO- que son brutos, inútiles, estorbos y sabe Dios cuántas otras atrocidades más.

Todavía puedo recordar aquella época en que se pensaba que si alguien “molestaba” a uno, criticándole fuertemente por equis o ye cosa, que uno dizque respondía a ese maltrato verbal “sobreponiéndose” a lo que fuera que le estaban criticando a uno en el momento. Pero la ciencia de la salud mental ha descubierto que es todo lo contrario; mientras peor nos tratan, peor nos desarrollamos.

Más aún, los especialistas también sugieren que algo tan sencillo como decirnos “creo que no voy a poder hacer tal cosa” o “me parece que esto o lo otro no va a ser fácil”, no sólo interfieren con lo que queramos hacer en el momento, sino que contribuyen a paralizarnos emocionalmente y a afectar otras áreas de nuestra vida espiritual, intelectual y afectiva.

Ahora, aprovecho esta coyuntura para comentar que mi mamá decía que uno de los preceptos más ciertos en la vida era el que por cada cosa que subía, había otra que bajaba; por cada cosa oscura, había otra clara, tal y como por cada noche, había su correspondiente día. Por tanto, si los autoinsultos pueden tener un efecto tan pertinaz en nuestra psiquis, del mismo modo, tiene que ser cierto el que aseveraciones positivas nos afecten beneficiosamente.