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CAMBIANDO HABITOS... PARA MEJORAR

por Katiuska Bianey Bautista
sábado, 12 mayo 2007

 

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Por:  Adela Davila

Yo no sé ustedes, pero si me pusiera a contar todas las personas que conozco que han intentando hacer un cambio de hábitos en su vida y se han dado por vencidas... no me darían los dedos de las manos ni los pies. Y eso, contando con los de mi esposo y mis perritas.

Con razón, los expertos insisten en que para perder peso para siempre, debemos tomar medidas con las que podamos vivir, como en los cuentos de hadas, “felices para siempre”. De manera que, si te gusta mucho el arroz o te fascina la carne de cerdo o si los dulces son tu mayor alegría en la vida, necesitas hacer una dieta que te permita incorporar esas cosas en tu diario vivir. De lo contrario, te ocurrirá lo que a muchos nos ha ocurrido: después de rebajar con mucho sacrificio, volvemos a engordar porque el estilo de vida que estábamos llevando era insostenible.

En fin, quisiera compartir algunos consejos que he encontrado recientemente. Todas son nuevas -y buenas- costumbres fáciles de adoptar, hasta por el más vago. Ojalá lo hagan.

Planifica todas tus comidas, incluyendo las meriendas. Los investigadores de la Universidad de Cincinnati, en Ohio, encontraron que cuando las personas anotan lo que van a comer -y lo que comen de manera imprevista- tienen más oportunidades de manener su pérdida de peso. También, hallaron que ayuda mucho el comer a ciertas horas, en específico. Pero lo que importa no es la hora del día, sino el hábito que se haga de comer a las mismas horas siempre.

No estamos hablando del azúcar que añades a la comida, sino, también, del azúcar escondida en los alimentos. Estudia bien las etiquetas de todo lo que comes y bebes. Las cosas que terminan en “osa” -como maltosa, dextrosa, glucosa, lactosa, sucrosa, etc.- son todas formas de azúcar. Pero si detestas el sabor de los edulcorantes artificiales, no te desesperes; si eliges productos bajos en azúcar (low sugar), ya tendrás la mitad de la pelea ganada.

Si malo es pesarse constantemente, varias veces al día -al punto de que se convierta en una obsesión-, igual de malo es no pesarse nunca. Tienes que aprender a responsabilizarte por tus hábitos alimenticios, en vez de limitarte a esconderte detrás del elástico en la cintura de las faldas y pantalones o de las blusitas por fuera del pantalón. Mientras estés rebajando y, sobre todo, una vez hayas perdido el peso, pésate al menos una vez al mes. Eso te ayudará a mantenerte firme en tus propósitos y a no extralimitarte.

Éste es uno de los aprendizajes más difíciles para cualquiera. Aprender cuándo decir “basta” no es fácil, pero tampoco es imposible. Algo que puede ayudarnos a los gorditos a sentirnos más llenos es comer más fibra. Alimentos que necesitan masticarse mucho -como las manzanas- o con piel y pulpa -como las chinas- nos ayudan a sentirnos llenos. Pero, si las frutas no son lo tuyo, procura comer más viandas hervidas, usar arroz integral, en vez de arroz blanco, y/o comer cereales altos en fibra.

Un estudio del Journal of the American College of Nutritionists encontró que si uno empieza el día ingiriendo proteínas, uno aguanta el hambre por más tiempo. En las pruebas, las personas que así lo hicieron terminaron comiendo 400 calorías menos en un periodo de 36 horas.

Los que hemos llegado a ciertos niveles de sobrepeso no lo hemos hecho, precisamente, comportándonos como atletas. De modo que para que puedas adoptar un buen hábito de ejercicio, no sólo tiene que ser algo fácil de hacer, sino entretenido y, más que nada, algo que te guste. Por ejemplo, si lo tuyo es irte de shopping, vete a caminar al centro comercial. Si te fascina el baile, en vez de ir al gimnasio -y, aunque sepas bailar como un trompo-, coge clases de baile. Si de chiquita el ballet te ilusionaba, busca una escuela de baile donde den clases para adultos. Y si siempre soñaste con ser como Mike Tyson, coge clases de kickboxing.