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ESPEJITO, ESPEJITO...

por Katiuska Bianey Bautista
sábado, 11 noviembre 2006
 

Por: Lily Garcia, columnista

¿Han observado alguna vez a un bebé cuando comienza a descubrir su reflejo en un espejo? Le toma un tiempo descifrar lo que está viendo. Se sonríe, frunce el ceño y hasta se asusta. Hasta que de repente decide tocarse la nariz o la cabeza y se da cuenta de que el reflejo hace lo mismo. En ese momento su pequeño cerebros experimenta un gran momento de iluminación. Se reconoce a sí mismo en esa imagen que de primera instancia parecía tan separada de él.

Los monos, los delfines y, según se ha descubierto recientemente, los elefantes, son los únicos tres animales que comparten con nosotros, los seres humanos, la capacidad de reconocerse a sí mismos ante su reflejo. Es una cualidad que nos hace especiales, que nos permite reconocer que !ésa (o ése) soy yo! aun cuando no podamos decirlo en palabras.

Sabiendo esto, ¿no les parecería maravilloso que pudiera existir una especie de espejo espiritual que nos permitiera ver quiénes realmente somos? Éste sería un espejo que ignoraría totalmente nuestro aspecto físico, para pasar a reflejar la realidad interior de nuestras emociones y motivaciones. Nos permitiría ver a través de colores e imágenes espectacularmente hermosas la bondad de la cual somos capaces y la gran cantidad de energía de amor que llevamos en nuestro interior. Pero este espejo mágico también sería capaz de dejarnos ver todo lo oscuro que llevamos por dentro, y ese potencial que guardamos para transformar nuestros días, y los de otros, en un infierno. No me cabe duda de que si tuviéramos la capacidad de vernos por dentro de esa forma, cuidaríamos más aquello en que nos convertimos, de la misma forma en que al pasar frente a un espejo nos peinamos, nos quitamos el brillo de la cara, o nos arreglamos la corbata o el collar que anda virado.

Lo interesante del caso es que este espejo del alma ya existe. Se llama !la vida.! Cada encuentro que tenemos, cada experiencia positiva y negativa que vivimos, refleja quiénes somos. Nuestras reacciones ante aquellos que nos atacan nos enseñan de lo que somos capaces. La forma en que respondemos a aquellos que nos necesitan nos saca al egoísta o generoso que llevamos por dentro. La vida es un espejo que trabaja veinticuatro horas para recordarnos lo transparentes o nebulosos que podemos ser, a través de pruebas, de oportunidades, de pérdidas y de grandes alegrías.

Los espejos que tienes en la habitación o en el cuarto de baño son importantes porque te ayudan a cuidar la imagen visual que vas a presentarle al mundo. Pero de qué te vale salir bello o bella por esa puerta sin haber despertado la capacidad de la auto observación; de poder !verte! reflejada en cada palabra, pensamiento y acción. Esta noche, antes de acostarte, mírate en el espejo de tu consciencia y pregúntate, !¿Reflejé hoy aquello de lo cual me siento orgulloso?! Independientemente de cuál sea tu contestación, te puedes sentir orgulloso de haber iniciado el camino del auto conocimiento.