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El poder de la equis

por yveda yveda
sábado, 07 octubre 2006
Con el permiso del amigo y Dr. Ludwig Johnson quiero compartir con ustedes un artículo que el publica este domingo en la revista de circulación dominical "TODO EN DOMINGO" que me pareció viene muy a tono con uno de nuestros tantos debates. Espero les sea de utilidad a todos. Un abrazo, JEN. ((br)) "Yo no la conozco, pero sé que sufre por el sobrepeso de un familiar. Ya usted le ha hablado por las buenas, le ha buscado los mejores médicos y le ha seguido en todos los tratamientos. Sin embargo, siente que ya no hay nada que hacer. "Resignarme, ¿qué más me queda? Después de todo, no la puedo obligar a adelgazar..." Bien. He querido interrumpir la secuencia de artículos "Joven más allá de los 50" en esta edición aniversario de Todo en Do mingo porque el tema, además de ser urgente, también es sobre la familia: cómo ayudar a un ser querido con sobrepeso. Una pregunta difícil en un mundo que propone comer sin hambre y que al mismo tiempo impone la esbeltez. ¿Sabe qué? Tiene razón. No se puede obligar a adelgazar, sólo se puede inspirar a adelgazar. E inspirar implica comprometerse a cambiar uno su propia vida. Permítame explicarme. Si me preguntara qué es el sobrepeso, le diría que es como cualquier otra área de la vida. Como el trabajo, por ejemplo, o el amor, o el dinero, áreas todas en que la herencia, la percepción de uno mismo, el ambiente y el momento que estamos atravesando, danzan al unísono con nuestra motivación. Así como el amor, o el trabajo, o la cuenta bancaria, el peso tiene muchas aristas que superan el hacer ejercicio y el cambiar de hábitos. Pedirle esto a una persona con sobrepeso es como pedirle a alguien sin dinero que trabaje más. Su familiar ya sabe que tiene sobrepeso. Muy a pesar de la negación, del no verse en el espejo, del "no poner de su parte", su familiar se siente atrapado y desesperado en lo más profundo de su ser. Ya conoce todas las dietas, ya sabe que se está haciendo daño, y ya le ha escuchado una y mil veces que hay que hacer ejercicio, pero ahora usted lo quiere ayudar... ¿verdad? Muy bien. A usted le preocupa y lo hace porque lo quiere, correcto, pero... ¿se ha preguntado qué puede hacer en realidad? ¿Repetirle lo que ya sabe?, ¿regañarlo?, ¿llamarle la atención?, ¿decirle que no le va a comprar ropa?, ¿rechazarlo por su gordura?, ¿retirarle un beneficio?, ¿ofrecerle algún premio? Ayudar implica inspirar. Lo otro es obligar, coaccionar, maltratar, someter. Y en consecuencia, aun y dando resultado, siempre crea resentimiento. Y ¿de qué sirve un familiar delgado con rencor? Estas emociones son grandes motivadores, pero únicamente de adentro hacia afuera. Intentar producirlos de afuera hacia adentro es siempre un error. Por eso ayudar implica comprometerse. Ya usted conoce el cuento del cerdo y la gallina con el desayuno de los huevos y la tocineta. La gallina ayudó en el desayuno. El cochino se comprometió. Por favor, no compre la comida que engorda para nadie en la familia. Claro, usted tiene otros familiares que no tienen que estar a dieta. ¿Ve la diferencia entre el cerdo y la gallina? Eso es familia: "te ayudo al punto que no sólo te digo qué hacer sino que además lo hago contigo". Porque su alegría también será la nuestra. ¿Me permite un consejo? Tenga paciencia. Espere a que su familiar esté listo para el cambio y entonces busque ayuda profesional. Luego comprométase. Usted y toda su familia. Vamos, sin excusas. A la cama temprano. A las cinco a caminar y luego marcar la equis. ¿Conoce la equis? Es la marca que registra el éxito en el calendario personal de cada quien en la familia. La equis dice: "hoy también caminé". Y los días pasarán y las equis se convertirán en una sana obsesión. Verá a su familiar comer cada vez mejor y hasta muchas veces dirigir las comidas. Habrá empezado primero con cinco minutos, luego a la semana 10, y al tiempo tendrá el trote de un militar, con tiempo superior a los 10. Salud, ropa, sexo, hijos y alegría. Gracias a una equis que cuando se marca por más de un mes, cambia siempre la vida. ¿Me permite un consejo? Comprométase con su familiar. Y acéptele su peso. Cuídese y hasta pronto, Dr. Johnson "

Respuesta de Juan Carlos Rodrigez

domingo, 08 octubre 2006
Muy buen artículo. Yo añadiría que la compulsión por comer, la adicción por los carbohidratos nos coloca en la misma posición del alcohólico o del drogadicto: sólo dejaremos el mal hábito cuando A) Hayamos aceptado el problema y B) cuando encontramos la fuerza y apoyo necesarios para enfrentarlo. Y aquí es donde entra en juego todo lo señalado en el ertículo respecto al lo que debe seer el apoyo del entorno e incluso la propia actitud. Salud.