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UN POQUITO PARA ATRAS, POR FAVOR

por Katiuska Bianey Bautista
domingo, 20 agosto 2006
PRIMERA HORA ADELA DAVILA Hace un par de semanas aproveché este espacio para hablar de las personas sobrepeso que se cohíben de tener intimidad física con otros, debido a la preocupación que sienten con su propio físico. Como mencioné en aquella ocasión: "Para casi todos los gorditos, la sola idea de quedarnos en paños menores delante de otras personas es motivo suficiente para provocarnos un infarto emocional". Como comenté, también, en aquel entonces, me fue posible encontrar unos cuantos caballeros que, entre otras cosas, afirmaban que cuando una mujer les gustaba -fuera gorda o delgada, alta o bajita, joven o vieja-, les gustaba y punto. De hecho, hubo quien sostuvo que si nota que una mujer no se quiere bien a sí misma, eso, del tiro, le mata la inspiración. Pero, de todas las observaciones, la que caló más hondo fue la de "Jimmy", un joven caballero de 41 años que, entre otros comentarios, dijo: "Todo es según el cristal con que se mire. Y eso incluye la belleza física. No tiene sentido que las mujeres piensen que todos los hombres las queremos igual de flacas, igual de rubias o con las barrigas igual de planas. Para los gustos se hicieron los colores". Las palabras de "Jimmy" conmovieron profundamente a una mujer en particular, quien aseguró que su ex pareja la humilló y la ofendió tanto, que llegó a decirle que nadie más se fijaría en ella por el cuerpo tan feo que tenía. Como es natural, esta dama se emocionó al comprobar que hay hombres que se sienten atraídos hacia las mujeres, en general, irrespectivamente de su talla. Pues esa misma mujer "va a bailar en un solo pie", de la alegría -como diría mi mamá-, pues entre las muchas cartitas que he recibido en días subsiguientes a la publicación de la columna en cuestión, más caballeros me han escrito, profesando su admiración hacia las mujeres gorditas, específicamente. Por ejemplo, "Nelson" escribió para decir: "Soy un flaco de 120 libras y siempre me han gustado las gorditas. Las hallo muy hermosas, muy atractivas, muy cariñosas. Mis amigos me preguntan que qué es lo que les encuentro a las 'gordas' y les contesto que, simplemente, me gustan y las prefiero. Y entre una delgadita y una gordita, prefiero a la gordita. Claro que no me gustan las gordas que no se cuidan. Pero, para decirte más, cuando me casé, mi esposa pesaba 130 libras. Luego de dar a luz, engordó, pero yo no la dejé rebajar e, incluso, le decía: 'Si rebajas, te dejo'. Ella es mi 'Barbie Gordita' y la adoro. ¡Arriba las gorditas!". Pero, eso no es todo, "A.R." es un caballero extraordinariamente elocuente, que nos escribió directamente a [email protected] para compartir su opinión sobre lo fabulosas que somos las gorditas. Él dijo: "Mi esposa no es una mujer gorda ni nada por el estilo, pero confieso que me gusta la mujer 'grande'. Mi abuelo decía: 'Barco grande, ande o no ande'. En los comerciales de dietas o ejercicios, presentan imágenes de 'antes' y 'después' y yo prefiero las del 'antes'. La aguja de mi apetito sexual siempre se vuelve loquita cuando veo muslotes, batatotas, brazotes y, como todo buen puertorriqueño, nalgotas. Si una rellenita se disculpara conmigo por el tamaño de sus muslos o de su batea, sólo le diría: 'Olvídate de eso, ¡si estás riquísima!'. NUNCA me molestaría con ella ni me alejaría de ella. Con todo respeto, ¿por qué habría de privarme de esa carne?". Y ahí lo tienen amigos, como bien apuntaba Jimmy, "para el gusto se hicieron los colores". En cualquier caso, no me ciego al hecho de que, igual que hay ciertos grados de delgadez que no lucen tan atractivos para la persona promedio, hay, también, niveles de obesidad que pueden no ser del agrado de la mayoría. Pero lo que importa es que los gorditos no le rehúyan a la intimidad. Siempre habrá unos que los acepten y otros que no. Nunca olviden que la perfección y la belleza son relativas.