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ABRIENDO LA JAULA

por Katiuska Bianey Bautista
martes, 30 mayo 2006
Alguna vez han tratado de controlar o cambiar una situación hasta el punto de convertirla en una obsesión? Uno piensa que dominando algo va a ser más feliz, y resulta todo lo contrario, el constante esfuerzo por que todo "esté bien" termina drenándonos y robándonos nuestra paz. A veces esto que queremos transformar o controlar es una relación, ya sea de pareja, con un hijo, un hermano o una amiga. Pero también intentamos controlar o cambiar emociones y pensamientos obsesivos, ya sean de duda, de inseguridad, de miedo, etc. Todos tenemos pensamientos y emociones que se repiten y que se convierten en obstáculos a nuestro crecimiento. Lo que tenemos que entender es que los intentos de control siempre van a resultar en mayor infelicidad, sufrimiento y frustración. Hace unos días, repasando las notas de una clase que tomé con un monje budista en la India, encontré una analogía que en aquel momento me hizo entender perfectamente lo que hoy les quiero decir. Decía el Venerable Antonio en una charla acerca de la meditación, que la mente es como un animal salvaje que debemos aprender a domesticar. Pero para domesticar un animal lo primero que tenemos que hacer es abrirle la jaula para que salga. ¿Por qué? Porque mientras permanezca encerrado jamás vamos a poder observar cómo actúa, cómo se manifiestan sus instintos y, por lo tanto, lo mueve a atacar. Es cuando abrimos la jaula y dejamos el animal en libertad que podemos sentarnos a estudiarlo, a observarlo, y a descifrar su comportamiento. Sólo entonces tendremos las herramientas para desarrollar la manera de domarlo. Después de todo, cada animal salvaje es diferente, y aun dentro de la misma especie, no existen dos animales iguales. Ésa es la diferencia entre domar un animal y controlarlo. El control no transforma, sino que, por el contrario, limita tanto a aquello que se intenta controlar como al controlador mismo. Nuestras mentes confundidas y las emociones tóxicas que nacen de ella son animales salvajes. Podemos tratar de ignorarlas o inclusive escapar de ellas, pero no se van a ir. Van a seguir ahí, comiéndonos por dentro, rasgándonos a pezuñazo limpio, hasta que tomemos la decisión de observarlas y estudiarlas. ¿Cuántos de nosotros observamos en realidad el porqué reaccionamos de tal o más cual manera? ¿Cuántos nos detenemos a meditar sobre por qué podemos perdonar algunas cosas y otras no; sobre el porqué preferimos a ciertas personas sobre otras; o porqué a veces nos autoboicoteamos oportunidades de crecimiento material, emocional o espiritual? ¿Por qué? La contestación fácil sería decir, "es que yo soy así." Pero lo cierto es que nadie es "así." Son muchos los elementos que nos construyen, los que nos van formando a través de los años y las experiencias. Pero si permanecemos con la jaula cerrada intentando controlar todo lo que pensamos, sentimos y vivimos, mirando siempre hacia fuera y nunca hacia el interior, entonces ese animal salvaje que todos tenemos por dentro jamás podrá ser domado. De ahí la gran importancia de la meditación en nuestras vidas. La meditación es observación, es vigilancia, es estar alerta a lo que te está ocurriendo en un momento dado. Practica la observación como cualquier otra disciplina, como el tomarte una vitamina en la mañana, o hacer media hora de ejercicio. Y poco a poco, abriéndole la puerta y observando en silencio el comportamiento de ese animal salvaje, te irás descubriendo. Y verás cómo tus reacciones empiezan a cambiar, en la cocina cuando los nenes te están volviendo loca, en tu escritorio mientras estás leyendo el más reciente memo estúpido que te envió el jefe, o cuando una conversación difícil está a punto de empujarte a estallar. Respira, abre la jaula, y observa. Es el primer paso para domar la bestia. Lilly Garcia