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EL PODER DE LAS PALABRAS

por Katiuska Bianey Bautista
miércoles, 29 junio 2005
El poder de las palabras... Determinarás asimismo una cosa y te será firme [ Job 22.28 ] Nuestras palabras determinan lo que recibimos. Así como los pensamientos afectan nuestras circunstancias, también las palabras forjan nuestra actitud y determinan lo que habremos de atraer y experimentar. Cuando nos interesamos seriamente en ser felices y exitosos, tenemos cuidado al hablar. Hablamos positivamente de nosotros mismos. No se trata de imaginar que somos perfectos y que no tenemos errores, sino de integrar uno de los elementos que nos hace tomar conciencia de que nos es posible sentirse bien con uno mismo si no dejamos de quejarnos de nuestra propia persona, del trabajo, de los amigos, de los parientes y de todo lo que nos rodea. En mis experiencias personales les diré que, luego de una de mis conferencias, se acercó un individuo para hacerme una consulta. Me dijo: “ya estoy cansado de no ser feliz, estoy harto de ser una carga para mi familia. Estoy cansado de que me usen, ¡Quiero ser feliz! ¿Qué tengo que hacer?”. Yo le contesté: “lo primero que debe usted hacer es limitarse a hablar solo cuando tenga algo positivo que decir, le encantará el cambio”. Cuando volví a Uruguay a dar otras de mis conferencias, al terminar esta misma persona vino a mí, me dijo: - “sigo igual ¡No puedo ser feliz!¿Cómo puedo lograrlo?” - “Hace más de un mes atrás, yo le di mi mejor consejo”. Él me contestó, “sí, pero sigo igual “. - “Entonces amigo, la razón de que usted no ha visto un cambio en su vida es que todavía no ha tomado este asunto con la debida seriedad. ¡Usted será feliz, cuando en verdad se lo proponga!”. Esta persona debía entender que nadie más que él, es el responsable de sus propias palabras y, llegado el momento, tendrá que asumir que también es responsable de sus propios pensamientos. Cuando una persona verdaderamente está harta de ser infeliz, de no tener resultados económicos en su empresa, de no tener ascensos en su trabajo, modificará su actitud. Cambiará su manera de hablar. Debemos disciplinarnos para controlar lo que decimos y pensamos. Algunas personas asumen la siguiente actitud: “haré lo que sea por ser feliz, siempre y cuando no tenga que cambiar nada de mí mismo”. Esa no es la clase de compromiso que se debe adoptar para mejorar. Las palabras afectan nuestro poder personal. Las palabras que empleamos se filtran constantemente en nuestro subconsciente y se convierten en parte de nuestro carácter y de nuestra persona. Ellas revelan a los demás qué tanta es nuestra seriedad y nuestro compromiso por obtener resultados positivos. Algunas palabras que usamos suelen minar nuestro progreso. Siempre que usamos la palabra “ tratar”, damos a entender que no tenemos el total control de la situación, y nuestro cerebro “entiende”: “bueno, si puedo lo hago y si no, no tiene importancia”. Voy a “tratar de llegar a tiempo”. Ya le estoy diciendo ”no sé si voy a poder ir, si puedo llegaré, pero más tarde”. Está suponiendo algo, quizás lo hagas quizás no. La expresión ”no puedo” también menoscaba nuestro poder personal. Decir simplemente “no”, en lugar de “no puedo”, suele ser más exacto. Por ejemplo: “No puedo verte mañana“, lo correcto es: “no te veré mañana”. Eso indica que tú tienes el control de la situación y que has tomado una decisión. Autor/Fuente: Eduardo Crusco Granados

Respuesta de mariela telleria

miércoles, 29 junio 2005
Es cierto. Somos en gran medida lo que proyectamos (y esto no tiene que ver con Kilos, ojo). Siempre he creído que si teniendo por ejemplo una gran necesidad económica, te acercas a quien puede ayudarte financieramente cabizbajo, delatando tu angustia y necesidad, serás visto como un perdedor potencial y nadie te ayudará. Pero si llegas elegante y altivo, declarando que tienes una oportunidad de cerrar un excelente negocio y requieres para ello capital de trabajo, seguramente lograrás lo que te propones. Lo que decimos. La forma en cómo lo decimos y la actitud que tenemos al decir las cosas inciden en quienes nos rodean y en nosotros mismos. Un besote