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SI PUEDEN;LEAN ESTO ME PARECIO MUY INTERESANTE PARA ALGUNOS MITOS:...BESOS.-

por sofia dip stecher
jueves, 16 junio 2005
Es el Pan culpable Reo: El pan. Acusación: Ser el responsable de engordar contra su voluntad a todo aquel que lo ingiere. Veredicto: Culpable. Sentencia: Vivir desterrado de la dieta habitual de aquellas personas que aspiren a dejar de padecer sobrepeso o que no quieran engordar. El pan, viejo compañero del ser humano desde el principio de los tiempos, fue marcado desde finales de los años 60 como uno de los alimentos «indeseables», sin prestigio. Su consumo, en consecuencia, se vio reducido de forma drástica, sobre todo en las décadas de los años 70 y 80. Y no ha vuelto a elevarse desde entonces. Hoy día, en estos tiempos de concienciación ciudadana para cambiar los hábitos alimenticios, se sigue identificando pan con sobrepeso y sobrepeso con riesgo de enfermedad cardiovascular. Nada más alejado de la realidad. Porque no es tan importante el peso que se gana o se pierde sino el tipo de grasas que se consume. En esto el pan tiene una gran ventaja porque, al ser un alimento que no contiene grasa previene todas aquellas enfermedades en las que una ingesta elevada de grasa total y de saturada supone un factor de riesgo para la salud, como son las enfermedades cardiovasculares. • ¿Es bueno el pan? • Entonces, ¿el pan es bueno? Rotun-damente, sí. Es, además, un alimento vital para la salud. Porque hablar de pan significa citar los cereales, elementos omnipresentes en nuestra nutrición, con una composición rica en fibra, hidratos de carbono y almidón, vitamina B, hierro, zinc y otros minerales; hidratos de carbono que representan el 42 por ciento de la energía total que consume nuestra «maquinaria humana» en su diario funcionamiento. «Europa, con el trigo; América, con el maíz, Asia, con el arroz; todas las culturas están ligadas a un cereal que forma parte de su dieta básica», afirma Alfredo Martínez, del departamento de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Navarra. No es aventurado decir que en España ha pasado con el pan lo que en su momento ocurrió con el vino o el aceite de oliva, que fueron denostados y maldecidos y luego redescubiertos en forma positiva. Este quizá sea el momento reivindicativo del pan, como lo prueba un reciente estudio publicado en «Circulation», que dice que el pan de centeno tiene un efecto protector contra los ataques al corazón. El informe, realizado por un equipo de investigadores estadounidenses de la Escuela Harvard de Salud Pública de Boston, el Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda, Massachussets, y del De-partamento de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública de Finlandia, del que el doctor Pirjo Pietinen es jefe. Según el estudio, los ancianos finlandeses que consumieron 10 gr. más de fibra al día (tres rebanadas de pan de centeno), redujeron en un 17 por ciento su riesgo de morir de una enfermedad coronaria. «Todos los tipos de fibra son buenos para el corazón, pero el pan de centeno es el “grano maravilloso” —explicó Pietinen—. Es muy recomendable que se consuman grandes cantidades de alimentos que contengan fibra (cereales, vegetales y fruta) para prevenir las enfermedades de corazón». En suma, que el consumo de pan es bueno, en especial los panes integrales, ricos en fibra. Por eso, desde el principio de los tiempos, ha sido el pilar fundamental de la Dieta Mediterránea. La diferencia entre nuestra dieta y la de otras regiones del mundo reside en el menor consumo de carnes rojas, ricas en grasas saturadas. La obstrucción de las arterias se produce principalmente por consumir dietas ricas en grasas saturadas, situación que provoca una elevación del nivel del colesterol en sangre que irá depositándose en las paredes de los vasos. Una vez allí tiene lugar una reacción inflamatoria que deriva en la formación de una placa de ateroma. El proceso puede durar 30 o 40 años e ini- ciarse en la infancia. Esta placa de ateroma se puede romper, formándose sobre ella un coágulo en sangre que puede tapar parcial o totalmente la luz de la arteria. Cuando esto sucede, puede ser el comienzo de una angina de pecho, un infarto de miocardio o la muerte súbita, por citar algunas consecuencias. Lo que comemos hoy, por lo tanto, tiene una importancia vital para nuestra salud presente y futura. -------------------------------------------------------------------------------- 3.2 Productos descremados Estudio revela que las propiedades de la leche descremada contribuyen a reducir riesgos de padecer diabetes. Ingerir productos lácteos descremados podría ayudar a disminuir el riesgo de desarrollar diabetes, según apunta un nuevo estudio realizado entre 40 mil hombres. Esto se debe a las proteínas, magnesio, e ingredientes que se cree elevan la acción de la insulina para regular el nivel de azúcar en la sangre Cada porción adicional de lácteos de bajo contenido graso que se consume por día resulta en una caída de 9% del riesgo. Los hombres que ingirieron más leche, yogur, helado y queso descremados mostraron menos disposición a contraer la diabetes de tipo 2 durante 12 años. Sin embargo, la leche entera y el queso cremoso no contribuyeron. El estudio no encontró evidencias de que los productos lácteos ayuden a la población a perder peso, aunque otros estudios más pequeños han relacionado el calcio de las dietas con la pérdida de kilos. El efecto positivo en el consumo de estos alimentos podría estar relacionado con algún factor desconocido presente en los hombres saludables, que redujo el riesgo de contraer el padecimiento, indicó el doctor Frank Hu, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, quien participó en el estudio. 3.3 El falso mito de la carne La carne contiene alrededor de un 25% de proteínas y ocupa un lugar intermedio (junto a frutos secos, queso, alubias y pescado) en la escala cuantitativa de proteínas. La mayoría de las personas consumen casi el doble de las proteínas que su organismo puede utilizar. Quién suprima de su dieta carne y pescado puede cumplir sin preocupación alguna la ración proteica diaria aconsejable de 53 a 58g. con el resto de alimentos vegetales debidamente escogidos. A excepción de la vitamina B12, el resto de oligoelementos, minerales y vitaminas los suministra en cantidades más que suficientes una dieta vegetariana equilibrada. Por lo demás, no sólo la carne contiene vitamina B12, pues esta se halla también en todos los productos lácteos. La palabra calidad no es la más acertada. Lo importante es el aprovechamiento, es decir: qué tanto por ciento de la cantidad de proteínas ingeridas con los alimentos realmente es aprovechado o utilizado por nuestro organismo. El aprovechamiento de las proteínas suministradas por el huevo de gallina y los productos lácteos es mayor que el de la carne. Todos los alimentos vegetales que doy como suministradores de proteínas en las recetas y tablas tienen los ocho aminoácidos esenciales. Ciertamente algunos de ellos se hallan en escasa proporción en determinadas especies vegetales, por lo que el "aprovechamiento" de tales especies como suministradoras de proteínas es menor que el de la carne. Dicho déficit puede subsanarse si en la misma comida añadimos un alimento que contenga en abundancia suficiente los aminoácidos que faltan en otros. Con ello podemos conseguir incluso proteínas de mayor "calidad" de las de la carne. Existen fundamentalmente sólo unas cinco clases de carne. En cambio, se dispone de 40 o 50 especies diferentes de verduras, legumbres y frutos secos, así como de unas 20 clases diferentes de fruta en el mercado. Justamente es la cocina vegetariana la que ofrece mayor variedad de sabores, consistencias y sabores. Los alimentos vegetales contienen mayor cantidad de carbohidratos que la carne pero, al contrario que ella, ninguna grasa (excepto unos pocos). Por ello, alimentos vegetales como por ejemplo el pan tienen el mismo número de calorías que la carne o todavía menos. Muchas frutas tienen sólo una tercera parte. Las judías cocidas, la mitad y numerosas verduras tan sólo una octava parte. La enorme diferencia que hay entre nuestra alimentación y la de, por ejemplo, la India no radica tan sólo en el consumo de carne (consumimos un 50% más de proteínas) sino también en el de azúcar(¡cuatro veces más!) y de grasas (¡ocho veces más!). Nuestra nutrición mejoraría realmente si el consumo de especies vegetales fuera mayor, y no al contrario.