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Se solicita buena presencia, léase cero gordos

Se solicita buena presencia, léase cero gordos

 

A los ojos de todos, o al menos de la mayoría al oír o leer “se solicita buena presencia” asumimos que se trata de que buscan gente aseada, vestida acorde a las circunstancias y que no violente ningún código o regla de etiqueta y educación.

 

Este –en apariencia- inocente requisito que podemos leer en avisos de prensa donde se ofertan plazas de trabajo, es simple y llanamente la carátula y escondite perfectos que las distintas empresas y negocios han encontrado para no decir en franco español “gente con sobrepeso ni se moleste en presentarse”. El negarle trabajo o dicho directamente DISCRIMINAR a una persona por su peso o por como luce (como hemos aprendido en este espacio llamado discriminación aspectista) no solo es un delito que se encuentra contemplado –me atrevería a decir- en el 99% de las Constituciones del Planeta Tierra entero, sino que hay países del primer mundo donde ya se organizaron para discutir esta problemática que por suerte no sufren de manera tan drástica como en Latinoamérica, pero que se adelantan a prevenir como mal inaceptable en sus Sociedades.

 

No hace falta que algo inconcebible esté en papel, en una ley para sea clasificado como delito y sea penado, pero en nuestros países, teniendo sistemas legales tan frágiles es absolutamente indispensable que se cree como soporte legal, un sistema de protección ante estos abusos a los que lamentablemente nos hemos mal acostumbrado.

 

Peor aún es que cuando estas situaciones nos sucedan nos quedemos callados. Esto es un secreto a voces que es ampliamente conocido y que muchos etiquetan como paranoia, como algo que sucede pero como no les afecta no importa.

 

El silencio es el mejor aplauso que podemos darle a quienes abusan y nos violentan, es el mejor aliento y tributo para que sigan delinquiendo y haciendo de las suyas.

 

En lo personal he sabido de cientos de casos, sumados a las denuncias que llegan a través de este espacio a mi e-mail y es una vergüenza que esta discriminación burda, absurda e injustificable siga sucediendo. Tener sobrepeso no es un delito, un pecado o crimen, lo que sí es un delito es esta vejación espantosa a la que nos someten en todos los ámbitos de la vida por no cumplir unos standards que en la mayoría de las ocasiones son aplicados irracionalmente, con explicaciones realmente ofensivas para la inteligencia de cualquier ser humano.

 

Además de ser humillados con este nada agradable precedente, si llega a ocurrir el milagro de ser contratados o puestos a prueba, está demostrado que entonces tenemos que trabajar si es necesario tres veces más que un empleado promedio, para demostrar nuestro talento. A esto se le suma las etiquetas de mediocridad y desaseo entre otras que tenemos que quitarnos así sea arrancándonos trozos de piel, con tal de hacer entender a empleadores y compañeros de trabajo cuan equivocados están.

 

Me hago una pregunta tonta ¿Qué tiene que ver mi peso con mis capacidades, mi manejo laboral y mi talento?

 

Lo más crudo de esto, es que al plantearle esta situación a personas de nuestro entorno es posible encontrar las más diversas respuestas, inclusive nos toparemos con aquel que nos diga que es nuestra culpa y que rebajar de peso será la mejor alternativa y solución para el problema.

 

Realmente como Sociedad estamos no mal, sino grave si seguimos pensando y actuando de esta manera. Estamos haciendo un apartheid silencioso, cruel y abominable que además aplaudimos y aceptamos al no hacer nada al respecto.

 

Hemos permitido que el sobrepeso se convierta en un cheque en blanco para abusos, opiniones y consejos no solicitados entre muchas otras cosas.

 

El esconder la cabeza bajo la tierra, voltearnos al otro lado y hacer como si nada pasara no es más que un símbolo de cobardía o de un inmenso disfrute de una vida vejatoria de principio a fin.

 

Como siempre les digo…en nuestras manos está el como va a terminar este cuento.

 

Hasta la próxima.

 

Escríbeme a: [email protected]

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