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¿Puede un gordo ser presidente de los EEUU?

En un país donde la obesidad es epidemia, el debate creció a la par de las chances del actual gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, de obtener la candidatura republicana para el 2012

"Christie no puede ser presidente. Es sencillamente demasiado gordo", escribió sin sutileza Michael Kinsley en Bloomberg View. Sin llegar a ese extremo de incorrección política, muchos otros editorialistas se refirieron al tema en estos días.

Al saberse que poderosos recaudadores de campaña apoyan la nominación del gobernador para disputar las primarias, los analistas evocaron el problema de su sobrepeso y no tardó en estallar la polémica. ¿La corpulencia de un candidato es un factor a tener en cuenta?

Christie es valorado en las filas conservadoras por su discurso a favor de la austeridad fiscal y del bajo gasto estatal, su conservadurismo en materia impositiva y por sus diatribas contra los sindicatos.

El gobernador sería un candidato más pulido que algunos de sus posibles contrincantes en las primarias, como el siempre frontal Rick Perry (actual gobernador de Texas), que ya ha tenido algunas declaraciones poco felices, lindantes con el racismo.

Pero el exabrupto del columnista de Bloomberg centró la discusión sobre las chances presidenciales de Christie en aspectos totalmente ajenos a sus condiciones políticas.

El columnista Palash R. Ghosh, del International Business Times, también lo dijo sin vueltas: "Creo que no tiene chances de ganar la elección y ello no tiene absolutamente nada que ver con sus políticas ni con su expertise legislativa. Aunque lo admiro mucho, para decirlo crudamente (como Christie mismo lo haría): el gobernador es gordo, algunos dirían obeso, y nunca ha habido un presidente con sobrepeso en el transcurso de mi vida (y ninguno desde William Howard Taft -más de 136 kilos a comienzos de 1900)".

El argumento de Ghosh es que vivimos en una era en la cual la imagen y la apariencia son más potentes que el discurso. Además, dice, un estudio no científico de las elecciones presidenciales del último medio siglo -es decir el del dominio de la televisión- muestra que en las urnas frecuentemente ganó la apostura de los candidatos.

A modo de ejemplo, cita algunos casos: Barack Obama, alto, delgado, "sin problemas de salud, excepto un pasado hábito de fumar"; George W. Bush, "un tiempo bebedor pero transformado" en obsesivo joggista y amante de la vida sana; Bill Clinton, quien "pese a su pasión por el fast food y algunos problemas de peso, generalmente se veía muy bien en cámara"; George Bush senior, reformado y joggista converso.

"La television es cruel", recuerda Ghosh y la gente fácilmente repara en los pequeños defectos, como "las orejas de Obama, la bizquera de Bush hijo, la nariz de Richard Nixon, los dientes demasiado anchos de Jimmy Carter, etcétera".

En el caso de Christie, desde "sopesar sus chances", hasta hablar de sus "gordos problemas", son infinitas las ironías de las que sería blanco por parte de competidores, periodistas y público en general.

La conclusión de Ghosh es que, aunque no sea justo, la imagen cuenta.

No sería la primera vez que el peso de Christie esté en juego en una campaña. Durante la competencia por la gobernación de Nueva Jersey en 2009, su oponente demócrata John Corzine se burló de la circunferencia del republicano en sus avisos. Podría decirse en todo caso que, contrariando la tendencia señalada por Ghosth, el electorado no reparó en los contornos del candidato.

Para disimular el sesgo discriminador del argumento del peso, los columnistas apelan al hecho de que un excesivo sobrepeso puede ser causa de problemas de salud. Hace unos meses, Christie debió ser internado y, aunque sólo tiene 49 años, trascendió que había sido por dificultades respiratorias.

Eugene Robinson, del Washington Post, por ejemplo, escribió que, como todo el mundo, "los funcionarios electos se desempeñan mejor cuando están en óptimo estado de salud" y "Christie obviamente no lo está".

Anticipándose a quienes puedan decirle que la gordura del gobernador no es asunto suyo, agrega: "El problema de Christie con el peso deja de ser un asunto privado cuando él salta a la escena política. (...) La obesidad es una epidemia nacional cuyos costos se miden no sólo en dólares sino en vidas".

La ironía, dice Ghosh, es que Christie sería un perfecto representante de una sociedad en la cual la obesidad es un verdadero flagelo. Según el Centro de Control y Prevención de las Enfermedades de ese país, al menos 20% de los estadounidenses adultos son obesos.

Sin embargo, no todos creen que el estadounidense promedio se identifique con la silueta del candidato. "El físico de hombre medio de Christie no le granjeará el cariño del hombre medio porque éste aspira a ser delgado", escribió por ejemplo Daniel Engber en la revista Slate.

También The New York Times publicó una columna sobre el tema, con el irónico título de Lo Redondo y lo Oval, firmada por Frank Bruni. En este caso, el autor se indigna ante las especulaciones sobre si el excesivo peso de Christie podría hundir -nunca mejor usado el verbo- sus chances presidenciales. Para Bruni, esto es "absurdo".

En su opinion, es legítimo criticar a Christie por su estilo político o por su limitada experiencia, pero no por su corpulencia. A Bruni le molestó especialmente el tono de Kinsley en Bloomberg View.

Está de por medio la cuestión de si una persona que no puede gobernarse a sí misma, o a sus impulsos, puede gobernar a los demás. ¿Es más fácil perder peso que dejar de fumar?, se pregunta Engber, recordando que Obama luchó contra su adicción -y logró vencerla- luego de haber sido electo.

Sobre este tema de la disciplina -o falta de ella, delatada por el sobrepeso-, Bruni contrapone los ejemplos de Clinton, hoy supuestamente vegano pero durante su presidencia tentado por la comida chatarra -por no meniconar otras debilidades que complicaron su gestión-, y de Obama, sorprendido fumando a escondidas en la Casa Blanca.

Es difícil decir hasta dónde estos rasgos del carácter humano hacen un peor o mejor presidente.

"No sé si un gordo puede ser electo presidente", concluyó Engber. "Pero si resulta que no puede -porque algunos estadounidenses están demasiado avergonzados de su propia gordura y otros demasiado orgullosos de ser delgados- ése no es su problema (de Christie). Es el nuestro".

Cabe decir que el propio Christie se ha referido al tema: "Peso demasiado porque como demasiado", se sinceró el posible precandidato. "Y también como porquerías".

Y en entrevista con la CNN, dijo: "Estoy luchando realmente, he estado luchando por mucho tiempo con mi problema de peso y sé que sería mejor para mis hijos que yo lograse tenerlo bajo control. Y a veces tengo un sentimiento de culpa por ese tema".

Desde The Washington Post, Robinson le dio un consejo "no solicitado": "Coma una ensalada y haga una caminata".

Pese a su enojo con el argumento, Bruni admite que también aconsejaría a Christie comer ensalada, como a todo el mundo. En cambio, el consejo de salir a caminar lo reserva para sus colegas. En concreto, los manda a pasear.
En un país donde la obesidad es epidemia, el debate creció a la par de las chances del actual gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, de obtener la candidatura republicana para el 2012
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