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Anorexia y bulimia, epidemia alentada por estrellas de Hollywood

Anorexia y bulimia, epidemia alentada por estrellas de Hollywood

Las modelos son sumamente delgadas y la ropa que se diseña parece haber sido creada para esos cuerpos supuestamente perfectos y saludables, lo que explica la obsesión desmedida de las jóvenes por cambiar de apariencia con la drástica pérdida de peso

La obsesión por adelgazar e imitar modelos de figura esbelta vinculadas al prototipo de la mujer atractiva, exitosa y segura de sí misma, está provocando entre las jóvenes mexicanas severos daños de salud al someterse a dietas extremas, ingerir indiscriminadamente todo tipo de laxantes o simplemente negarse a comer hasta alcanzar la anorexia.

Lo que los especialistas llaman un severo y preocupante trastorno alimenticio afecta al 2.0 por ciento de la población femenil, de entre 11 Y 17 años de años de edad, que no comen o lo hacen de manera compulsiva, para luego vomitar, que es lo que médicamente se conoce como bulimia, una enfermedad que provoca hemorragias estomacales, ausencia de periodos menstruales, presión arterial baja, arritmias, convulsiones y daños irreversibles al esófago, que de no ser tratados a tiempo, conducen irremediablemente a la muerte.

En un país de severos contrastes, donde el 70 por ciento de la población padece de obesidad y 40 por ciento de los niños menores de 12 años presenta cuadros de desnutrición, la anorexia y la bulimia ganan terreno a pasos agigantados, sobre todo, entre las jóvenes de clase media y alta que desarrollan terror al sobrepeso, aunque físicamente estén dentro de los estándares normales de acuerdo con su estatura y masa corporal.

Claudia Unikel Santocini, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Doctor Ramón de la Fuente Muñiz, señala que el problema se presenta fundamentalmente en jóvenes con problemas de inseguridad y autoestima, obsesionadas en parecerse físicamente a las esbeltas modelos de revistas, cine o televisión, convertidas en prototipo de la mujer atractiva y exitosa, o bien, buscan la delgadez como una conquista personal o para llamar la atención de amigos y familiares.

"Las modelos son sumamente delgadas y la ropa que se diseña parece haber sido creada para esos cuerpos supuestamente perfectos y saludables, lo que explica la obsesión desmedida de las jóvenes por cambiar de apariencia con la drástica pérdida de peso".

La especialista expone que muestra de la peligrosidad que conllevan las dietas rígidas son las recientes muertes de las modelos Ana Carolina Reston, de 21 años, de 1.72 metros de estatura y 40 kilogramos de peso, víctima de una infección generalizada disparada por la anorexia; de Thayrinne Machado, de 1.68 metros de estatura y 46 kilos; y de Beatriz Fuentes Ferraz, de 23 años, 1.57 de estatura y 35 kilogramos de peso, que ya al final de sus días no pudo siquiera caminar.

Una encuesta de la Facultad de Psicología de la UNAM reveló que es tal la penetración de la imagen que vincula la figura esbelta con la belleza, que 60 por ciento de las jóvenes cuyo peso está dentro del rango normal manifestaron estar inconformes con su apariencia física, y de ellas, el 44.5 por ciento aceptó que había hecho dieta excesiva alguna vez.

Adriana Camargo, una joven de 17 años de edad, estudiante de preparatoria, mide 1.65 metros de estatura, pero su peso es de apenas 37 kilogramos. Desde hace un mes está bajo tratamiento médico para recuperar peso y atender lesiones en el esófago y el aparato digestivo, luego de que una hemorragia estomacal le provocara convulsiones a grado que fue llevada de emergencia a un hospital particular.

La apariencia física de Adriana nada tiene que ver con su edad. Su piel está reseca y su cabello raído y opaco; padece de constantes depresiones y ya alguna vez pensó en el suicidio.

Su problema de anorexia y bulimia empezó a los 14 años cuando la invitaron a una excursión. "Quería lucir delgada en traje de baño, por lo que un mes antes del viaje decidí ponerme a dieta ingiriendo únicamente jugos y algunas verduras. En ese tiempo, logré bajar seis kilogramos, pero en la medida en que más peso perdía, más me quería adelgazar para impresionar a mis amigos".

Adriana explica que por esa obsesión a adelgazar cada vez más, no sólo mantuvo una dieta estricta, sino que empezó a utilizar laxantes y diuréticos que después de algunos días le provocaron fuertes dolores estomacales. En una ocasión, la ansiedad la llevó a comer compulsivamente, pero de inmediato se provocó el vomito. "Así me dejé de sentir culpable y continué con mi dieta, combinada con laxantes".

Ahora, tres años después, Adriana se arrepiente. Las secuelas de la anorexia y la bulimia están presentes en su rostro y cuerpo cadavérico. Para superar sus depresiones acude al psicólogo, y sólo espera que ambas enfermedades no le hayan causado daños irreversibles a su organismo.



PROBLEMA DE SALUD PUBLICA

El doctor Jorge Armando Barriguete Meléndez, de la Clínica de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, asegura que los cuadros de anorexia y bulimia son ya un problema de salud pública, con alrededor de cien mil atenciones por año en instituciones públicas y privadas, sin considerar los casos no reportados que viven con la enfermedad hasta la muerte. Explica que a diferencia de los anoréxicos que restringen lo que comen, los bulímicos reaccionan a la ansiedad comiendo desesperadamente, para luego provocarse el vómito, que a lo largo del tiempo les provoca hemorragias estomacales, fallas cardiacas, convulsiones, diabetes y rompimiento del esófago.

El riesgo de muerte por todas esas complicaciones es mayor en la medida en que se prolonga el ayuno y se vomitan los alimentos. Una primera señal de las anoréxicas es: perdida de menstruación, debilitamiento extremo, frío constante, caída del cabello, piel reseca y depresión aguda, que muchas de las veces induce al suicidio.

Los bulímicos desarrollan erosión en los dientes, hinchazón e inflación abdominal, arritmias, hipertensión, diabetes, hemorragias estomacales y lesiones graves en el recto, por el constante uso de laxantes y diuréticos.

Barriguete Méndez comenta que los trastornos alimenticios es la tercera enfermedad crónica más común entre los adolescentes, y su tratamiento es lento y complejo, debido a los severos daños que se provoca al organismo y al sistema nervioso en general. "La atención integral requiere de un equipo multidisciplinario de nutriólogos y psicólogos para que el paciente recupere gradualmente su peso, y a la vez reconstruya su autoestima, para evitar la reincidencia".

El setenta por ciento de los pacientes que se apegan al tratamiento mejoran notablemente, el resto tiene una mediana mejoría, señala el especialista. Sin embargo, cuando los anoréxicos y bulímicos no se atienden, el pronóstico es sombrío, con una tasa de mortalidad anual de 5 por ciento, aunque a menudo esas defunciones se registran por otras causas como desnutrición, suicidio, infarto o insuficiencia renal o hepática.

En opinión de la psiquiatra de la Clínica de Trastornos Emocionales del Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro, Inés Nogales Imaca, factores emocionales, familiares y sociales influyen en los jóvenes que están en busca de modelos a seguir, para modificar su apariencia física.

"Una burla o una crítica sobre el peso por parte de familiares o amigos puede desencadenar en la decisión de adelgazar que una vez logrado se convierte en obsesión hasta que los daños al organismo son evidentes", advierte.

María Eugenia Sandoval, de apenas 22 años de edad, padece ya de insuficiencia renal, úlcera estomacal y afecciones cardíacas. Desde los 15 años decidió someterse a dieta, luego de que en una fiesta familiar le hicieron comentarios sobre sus "llantitas", que le causaron problemas de autoestima.

"Empecé por comer sólo una vez al día, y al paso de un mes ya había bajado siete kilogramos, lo que me animó a restringir más la comida y sólo ingerir agua y comida deshidratada".

A tres meses de esa dieta estricta, María Eugenia sentía mucho frío y mareos. Una amiga le aconsejó que lo mejor era comer "bien" y después vomitar para acabar con los mareos y no subir de peso. "Lo hice la primera vez y luego se convirtió en un hábito, hasta que empecé a sentir fuertes dolores en la faringe, en los pulmones y en el estómago".

Un día en la escuela le dieron convulsiones, fue llevada al médico que le diagnosticó desnutrición severa, ulcera y arritmias. Recientemente se le detectó insuficiencia renal provocada por las propias deficiencias nutricionales. María Eugenia recibe ayuda psicológica y tratamiento para recuperar el peso perdido, pero sabe que en adelante ya nada sería igual, porque de por vida deberá estar bajo estricta supervisión médica.

La nutrióloga Marcela Palma, del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, señaló que las anoréxicas llegan a perder hasta el 40 por ciento de su peso corporal, lo que trae consigo disminución de la masa ósea que incrementa sustancialmente el riesgo de desarrollar osteoporosis, incluso sin alcanzar la edad adulta.

El "bombardeo" de imágenes de mujeres con cuerpos esqueléticos ha provocado tal impacto entre los jóvenes que piensan que lo "cool" es parecerse a ellos, por lo incurren en la imitación y desarrollan un creciente rechazo a toda imagen de sobrepeso que asocian a un cuerpo insano e indeseable.

"Lo mejor ante estos casos es que los padres estén muy atentos a los hábitos alimenticios de sus hijos y no promuevan en pláticas familiares el estereotipo de la extrema delgadez como condición saludable y, en cambio, alienten la alimentación sana combinada con el ejercicio, que es la manera idónea de que los adolescentes desarrollen un cuerpo atlético y una mente sana que les haga sentirse bien consigo mismos", concluyó.
Las modelos son sumamente delgadas y la ropa que se diseña parece haber sido creada para esos cuerpos supuestamente perfectos y saludables, lo que explica la obsesión desmedida de las jóvenes por cambiar de apariencia con la drástica pérdida de peso
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