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Somos lo que comemos

De nuestra alimentación depende nuestra salud en gran medida. Lo habrás oído muchas veces pero no está de más recordar unas recomendaciones que nos hacía recientemente la Federación Mundial del Corazón. Entre ellas, tomar comidas equilibradas que incluyan todos los alimentos y productos bajos en grasas.

Otras recomendaciones son comer al día, por lo menos, cinco raciones de frutas y verduras; tomar agua, leche baja en grasas o zumos sin azúcar antes que refrescos; así como incluir frutas y/o vegetales en el almuerzo que lleváis a clase y ofrecer comidas saludables en los comedores escolares.

También, recuerda la necesidad de no consumir un exceso de sal y de planificar más actividades familiares fuera de casa, sin olvidar la importancia de hacer deporte al menos 30 minutos diarios; conseguir que los hogares sean espacios sin humo e intentar que los niños no esten expuestos al humo ni fumen; limitar las horas delante de la televisión y del ordenador, dejándolos apagados el mayor tiempo posible; dar ejemplo en la familia comiendo de forma sana, haciendo actividades físicas habitualmente, no fumando, etc., y consultar a los profesionales médicos ante cualquier sospecha de patología cardiovascular.
Las administraciones también intentan que conozcáis cómo alimentaros mejor. Así, por ejemplo, la Consejería de Sanidad desarrolló un total de 146 proyectos sobre alimentación saludable y actividad física en los que participaron casi 3.700 alumnos y 535 profesores en los dos últimos cursos.

En estos centros, la Administración mantiene una convocatoria anual para proyectos educativos que se desarrollan en Educación Primaria y Secundaria y que abordan la promoción de la salud de los jóvenes en tres grandes áreas, entre ellas programas de promoción de hábitos saludables, relativos a la alimentación, a la actividad física, higiene y prevención de accidentes.

Nos dicen desde la Consejería de Sanidad castellana y leonesa, que estas actuaciones van dirigidas a que los niños adopten hábitos saludables desde los primeros años, con el fin de evitar que cuando sean adultos sufran, entre otras, las enfermedades cardiovasculares, uno de los mayores problemas de salud que provocan el 35 por ciento de los fallecimientos.

Cristina Rosado
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