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Cuestión de peso

Esta curiosa y astuta mezcla de reality documental, ciclo de autoayuda, talk show y magazine de salud, con el agregado de que el público tiene la posibilidad de ganar premios puede convertirse con el tiempo en una propuesta digna de considerar desde su originalidad o bien devenir un híbrido incapaz de alcanzar consistencia en la mayoría de sus elementos

El dilema comenzará a develarse una vez que se encamine el trabajo de doce voluntarios con distintos grados de sobrepeso (los hay de entre 70 y 90 kilos y están quienes superan los 200 kilos), hombres y mujeres que aceptan exponerse ante las cámaras para contar sus penurias, reforzar mutuamente la decisión de sobrellevar esa adversidad por medio de un disciplinado plan y regresar a la vida sana en términos corporales y mentales. Como saben bien quienes pasaron por esta situación, hay elementos psicológicos de decisiva influencia en los cuadros de obesidad y el programa no esconde -más bien subraya- ese factor a la hora de presentar a los protagonistas-participantes de esta experiencia.

"Cuestión de peso" es, también, un nuevo triunfo de quienes sostienen que el trabajo de casting es decisivo para llevar adelante un programa como éste. Aquí desfilan personas de características especiales -una muchacha francesa que eligió quedarse en la Argentina, una joven madre que no termina de conformar una familia, un hombre que para someterse a este tratamiento se distanció de su hijo, una mujer con una prole numerosa- cuyas historias de vida aparecen convenientemente subrayadas por la producción con el apoyo de efectos visuales y sonoros que amplifican innecesariamente el costado más sensiblero y manipulador. No hacen falta ni la cámara lenta, ni el armado de fotografías como si se tratara de viejos álbumes familiares ni los comentarios musicales melosos para que el público llegue a identificarse naturalmente con alguno de los participantes.

Sólido respaldo

Más allá de tales exageraciones, el procedimiento al que se someten los candidatos a escapar de la obesidad (una "epidemia mundial", según se dice al comienzo de cada emisión) parece sustentado en sólidas bases científicas y médicas. Detrás de esta producción está Alberto Cormillot -en cuya clínica se aplica el tratamiento a los participantes-, un profesional de probada competencia en el tema que, además, entrega comentarios, apuntes y bocadillos casi siempre oportunos. Junto a Cormillot y su hijo, también médico y objeto de algunas amables bromas por parte de la conductora, aportan lo suyo un personal trainer, una nutricionista y una psicóloga.

Frente a ellos, los participantes aceptan de buen grado los contratiempos que atraviesan, se disponen a afrontar las pruebas con humor y tratan de poner su mejor cara ante todas las circunstancias adversas. A diferencia de otros ciclos con ribetes de reality sobre obesidad que suelen verse en el cable hay aquí más espíritu de colaboración que de competencia y todos parecen dispuestos a compartir experiencias entre ellos y junto al público.

Los problemas pueden aparecer si Andrea Politti persevera en repetir algunos de los clichés que practicó en "12 corazones" sin haberse dado cuenta que ahora está al frente de otro programa. Sabedora de su ascendiente sobre los participantes, Politti a veces confunde ese trato afectuoso y cálido que les hace tan bien con un obsesivo espíritu concupiscente que la lleva a estimular a cada momento situaciones y gestos eróticos. O sobreactuarlos, como cuando se empeñó en deducir a partir de un mimo entre dos participantes una potencial situación de deseo incontenible entre ellos. Si sumamos a esta práctica el momento del consultorio sentimental, con mensajes amorosos de los televidentes hacia los voluntarios, es posible que el propósito principal del programa quede distorsionado, por más que algunas dosis bien administradas de esta clase de terapia puede elevar la autoestima de quienes padecen obesidad.

Y a propósito de distorsiones, "Cuestión de peso", con todos sus buenos propósitos, debería resolver cuanto antes el modo en que se aplica aquí la llamada publicidad no tradicional. Fuera de las tandas, como es costumbre en la TV vespertina, Politti promociona ante las cámaras las virtudes de un producto adelgazante de venta libre. ¿Qué pasa si el público cree que esa publicidad forma parte del tratamiento recomendado desde "Cuestión de peso"?

Sin demoras, el equipo médico que asesora al programa debería dejar en claro su posición.
Esta curiosa y astuta mezcla de reality documental, ciclo de autoayuda, talk show y magazine de salud, con el agregado de que el público tiene la posibilidad de ganar premios puede convertirse con el tiempo en una propuesta digna de considerar desde su originalidad o bien devenir un híbrido incapaz de alcanzar consistencia en la mayoría de sus elementos
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