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Una moda que dicta lo ‘Low carb’

La fiebre de los alimentos bajos en grasa ha pasado a la historia en Estados Unidos y la última “dictamoda” alimentaria pone las cosas en su sitio: el campo es una cosa verde que hay alrededor de las vacas.

 O sea, que ahora puede usted atiborrarse de bifes de chorizo o de churrasco de res —el campo es un simple decorado— sin que tema acabar siendo un calco de Bart Simpson, el barrigón y gamberro personaje de la serie americana.

Porque, ah, vivíamos en el error. Estábamos equivocados. El problema no son los filetes, sino la pasta, las patatas, el pan, el arroz, las verduras, etcétera, toda esa diabólica despensa de carbohidratos.

Es el nuevo dogma en EE.UU. y para los seguidores de la dieta baja en carbohidratos, los supermercados americanos lanzan el nuevo renglón de los productos “Low carb”. Un eslógan que engancha.

Quienes se encuentran en la complicada asignatura de los “rollitos” del cuerpo, son los primeros abducidos por esta expresión inofensiva.

Los “pesos pesados” de nuestra especie se marcan una tarea prometeica: movilizar los flotadores de grasa que les circundan.

Detectarlos y suprimirlos en una suerte de exorcismo dietético: el que impone la inhibición al máximo de los alimentos ricos en hidratos de carbono. Oprah Winfrey lo hizo.

La verdad es que desconozco si Oprah se prestó a las consignas del nuevo molde alimentario, pero resulta siempre convincente decir este tipo de cosas en América.

El reto, el desafío, el “si-ella-lo-hizo-usted-también-puede”, estimula la voluntad del americano con mayor eficacia que el duelo entre Obi-Wan Kenobi y el siniestro Darth Vader.

Mi opinión es que conocerse a uno mismo muchas veces no aporta nada, pero siempre ahorra mucho. Por ejemplo, evita caer en estas “fórmulas mágicas”, que en un 99% de los casos provocan el efecto “yo-yo”: tras el abandono de la dieta se ganan más kilos de los que se consiguió perder.

Claro, humillados y con la conciencia culpable, toca recurrir al Prozac. Que no estaba, por cierto, incluido en el programa de reducción de peso.

El caso es que muerto el aureolado gurú Atkins —un profesor que hizo creer a la gente lo fácil que era recuperar la forma física que nunca se tuvo—, aparece ahora la versión divulgativa y “Mickie Mouse” de su modelo dietético.

En cualquier producto del súper, mayormente en las pastas preparadas, va impreso en mensaje salvador: “Low carb”. Un encanto al que sucumben también los restaurantes, dispuestos a aprovechar el filón comercial.

Pero hay restaurantes, en Miami, en los que se privilegia la calidad de los alimentos bajos en hidratos.

Como en La Gastronomía (127 Giralda Ave., Coral Gables), que ofrece los fines de semana pasta integral, o en One Ninety (190 NE 46th St.), cuyo menú mima los platos con tofu.

De una forma natural, sin estridencias publicitarias, las propuestas bajas en carbohidratos del restaurante Lan (Dadeland Station, 8332 S. Dixie Hwy., Kendall) destacan sobre las demás. Una estupenda cocina pan-asiática que me obliga a aceptar con benevolencia a la tropa seguidora de esta tendencia alimentaria.

 

La fiebre de los alimentos bajos en grasa ha pasado a la historia en Estados Unidos y la última “dictamoda” alimentaria pone las cosas en su sitio: el campo es una cosa verde que hay alrededor de las vacas.
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