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Dieta contra la megarexia

"Adelgazar sin matarse” es un ensayo que explica la necesidad de sustituir las ineficaces dietas tradicionales por un moderno y efectivo método “isoproteico”. Con él se favorece la regeneración celular, se retrasa el envejecimiento y previene enfermedades degenerativas como la diabetes y las dolencias cardiovasculares

Jaime Brugos (Madrid, 1939) vivió muchos años con 96 kilos de peso y una baja estatura. A sus 23 años abrió su primer gimnasio y comenzó a seguir diferentes pautas nutricionales de la herbodietética a la macrobiótica. Él ha acuñado un nuevo término, la megarexia. La padecen aquellos que tienen sobrepeso, pero no son conscientes de ello y no hacen nada para evitarlo.

A los 40 años había sido incapaz de adelgazar y se decidió romper con las teorías aprendidas para analizar críticamente el proceso de la digestión, del metabolismo de las grasas, los carbohidratos y las proteínas.

En 1992 publicó “Dieta isoproteica. Adelgace definitivamente con salud”. Durante los últimos 13 años ha trabajado sobre el problema de la obesidad mórbida en EU, donde realizó el doctorado en nutrición.

Brugos desarrolla su actividad como nutricionista en Miami (EU). Con más de cuarenta años de experiencia y después de tratar miles de casos, presenta un nuevo método que mejora la eficacia de las dietas bajas en carbohidratos. Con su método ha conseguido mantenerse en 75 kilos desde hace 25 años.

El nutricionista denuncia la invasión de “alimentos basura”, llenos de “calorías vacías” que arruinan la salud, y destaca la importancia de que los padres aprendan a controlar lo que comen sus hijos. Para ello enseña a evitar los cinco grandes errores de la dietética moderna.

COMER FRUTAS Y VERDURAS, EL PRIMER ERROR
Según Brugos, no es cierto que las frutas y verduras sean alimentos que no engordan, además son extremadamente pobres en proteínas y no sirven para regenerar el organismo, y en zumo pierden lo único bueno, la fibra y la mínima cantidad de proteínas. El desayuno debe ser la comida más importante del día y es imprescindible que contenga un alto porcentaje de proteínas.

Brugos hace especial hincapié en erradicar los zumos de naranja: un vaso contiene 1,4 gramos de proteínas y 26,5 gramos de carbohidratos, casi tanto como un vaso de coca-cola. Según el autor del estudio, una lata al día de una de estas bebidas supone, 39 gramos de azúcar, 14 kilos al año, 56.000 calorías vacías que pueden provocar una acumulación de 6 kilos de grasa al año. El mayor peligro de esta práctica es la diabetes y la obesidad crónica.

Al intentar reducir el número de calorías que ingiere el organismo, se tiende a consumir verduras y frutas, lo que significa menos nutrientes regeneradores de los que el cuerpo necesita. “Así sólo conseguirá desnutrirse, perder músculo, que su metabolismo se reduzca y que se tengan más facilidad para engordar”, comenta Brugos.

Sin embargo, 100 gramos de solomillo de ternera aporta 19 gramos de proteínas, 90 calorías, 2 de grasa y 0 de carbohidratos. Al compararlo con la mejor de las verduras, las espinacas, se necesitarían 750 gramos, pero irían acompañados de 4 gramos de grasa y 28 de carbohidratos, lo que elevaría su energía a 225 calorías

SEGUNDO ERROR: ABSURDOS PORCENTAJES DE PROTEÍNAS, GRASAS Y CARBOHIDRATOS
El autor de “Adelgazar sin matarse” afirma que son dañinas las recomendaciones de organismos estatales de todo el mundo y de todas las asociaciones médicas que se basan en la famosa pirámide nutricional “para una dieta equilibrada”: de un 10 a un 15 por ciento de proteínas, 50-60% de hidratos de carbono y un 30-35% de grasas.

Brugos asegura que “estos porcentajes son absurdos y totalmente perjudiciales en el 99% de los casos, y sólo serían válidos para personas con una extraordinaria actividad física. Es un contrasentido recomendar los mismos porcentajes de combustible para todos y luego solucionar el exceso de calorías con ejercicio”.

Tampoco es bueno reducir calorías haciendo una sola comida abundante al día. El cuerpo necesita mantener aminoácidos esenciales en sangre durante todo el día, no pasar horas desnutrido y pretender compensarlo con una comida.

PARA ADELGAZAR NO HAY QUE COMER MENOS: EL EFECTO YOYÓ
La obsesión por rebajar las calorías es tan grande que ha ocultado la necesidad real de fortalecer y regenerar el organismo, lo que ha impedido observar que hay dos manera de adelgazar: comer los mismos alimentos, pero con menos calorías o comer más y mejor, pero sólo de lo que alimenta.

Según Brugos, esta segunda es la efectiva porque fortalece y regenera los músculos y tejidos nobles del organismo, órganos internos, huesos, piel, pelo uñas, dientes, sistema inmunológico, sistema circulatorio. Una dieta hipocalórica engorda porque provoca una bajada de defensas, lo que contribuye a llevar una vida sedentaria, y a que se produzca el llamado efecto yoyó: adelgazar y engordar.

Las grasas cumplen infinidad de funciones: proporcionan la energía imprescindible en la regeneración celular y permiten la asimilación de las vitaminas liposolubles. Por otra parte, las proteínas son insustituibles en la formación de numerosos elementos esenciales para la vida, para las enzimas o el sistema inmunológico.

El nutricionista mantiene que otra circunstancia que ha inducido a error ha sido la de admitir como buenas las cantidades mínimas de proteínas indicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para los Alimentos y la Agricultura (FAO). “Es necesario huir de las dietas rápidas bajas en calorías porque hacen perder más músculo que grasa, más de la mitad del peso perdido es destrucción del tejido muscular”.

LA DESNUTRICIÓN DEL CEREBRO
En el lado opuesto de la balanza se encuentran los que no hacen ninguna dieta; están obesos, pero no lo perciben, son los megaréxicos. La obesidad es un síntoma de malnutrición.

El profesor Steve Bloom, que colaboró en el estudio de Nature sobre la pequeña cantidad de hormona de la saciedad (PYY3-36, una proteína, como todas las hormonas), mantiene que la obesidad dobla la incidencia de casi todos los tipos de cáncer y causa infarto. Brugos hace hincapié en la necesidad de las proteínas para mantener un cerebro sano. Según el nutricionista, tanto la anorexia como la megarexia se originan por la desnutrición del cerebro. Ambas enfermedades distorsionan la realidad y la imagen que el individuo percibe de sí mismo.

"Adelgazar sin matarse” es un ensayo que explica la necesidad de sustituir las ineficaces dietas tradicionales por un moderno y efectivo método “isoproteico”. Con él se favorece la regeneración celular, se retrasa el envejecimiento y previene enfermedades degenerativas como la diabetes y las dolencias cardiovasculares
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