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Verdades sobre las cirugías contra la obesidad

En los últimos años esta enfermedad ha aumentado notablemente en el país, y los pacientes han acudido cada vez más a cirugías para luchar contra ella. Pero la verdad es que no todos están preparados para someterse a una operación, ni tampoco para afrontar los gastos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la obesidad como la epidemia no transmisible más grande del mundo.

Uno de los problemas más grandes, aparte del gran riesgo para la salud que significa, es la discriminación social que los obesos sufren no sólo por las cargadas de alguien, sino por la ofensa que las publicidades, sobre todo las de ropa, les genera; luciendo pedazos de tela sobre huesos recubiertos en piel maquillada.

Asimismo, si bien la discriminación puede ser ignorada, los problemas de salud no. Un control adecuado, dietas y ejercicio son siempre una salida eficaz, pero no veloz, y eso lleva a que muchos planes nutricionales fracasen y los pacientes busquen otras salidas, entre ellas, las pastillas adelgazantes o las cirugías bariátricas.

Los procesos quirúrgicos más conocidos para combatir la obesidad son el cinturón gástrico (o banda ajustable), y el Bypass gástrico.

El cinturón Gástrico es una banda de silicona que se coloca en el área subcardial (alrededor del estómago), restringiendo el acceso de la comida y provocando una sensación de saciedad.

La cirugía puede ser tradicional, o laparoscópica, a través de 5 pequeños orificios que se realizan en la pared abdominal. Dura aproximadamente 2 horas y requiere anestesia general. La banda se adapta según las necesidades del paciente a través de un puerto de ajuste situado superficialmente entre la piel y el tejido muscular. Se lleva de forma permanente, pero puede ser retirada con otra intervención.

El post operatorio (recomendado 48hs) puede resultar doloroso, como fue el caso del conductor televisivo “La tota” Santillán, quien se había colocado este cinturón y en menos de 24 hs hizo que se lo retiraran debido a que padecía “fuertes dolores y despedía saliva”.

La teoría de este tratamiento dice que puede reducirse hasta un 50% del sobrepeso, pero hay que tener en cuenta que debe ser acompañado también por dietas, y un control en la cantidad de alimentos que se ingiere ya que se trata de una reducción del paso hacia el estómago y de su espacio. Por lo tanto, si se consume lo mismo que antes de la cirugía, lo más probable es que el exceso se vomite.

El bypass gástrico a diferencia del cinturón, es permanente e irreversible. Se trata de una cirugía que reduce el estómago, dividiéndolo en dos y uniendo la parte alta del mismo con una zona alejada del intestino, actuando por malabsorción de los nutrientes.
Trabaja en forma progresiva, y por dos factores. Por un lado, cuando antes se podía consumir hasta 1 litro de alimentos, ahora la cantidad se reduce a entre 50 y 100 centímetros cúbicos, obligando al paciente a comer menos; y por otro, la conexión directa con el intestino hace que haya una menor absorción de grasas debido a la falta de jugos digestivos en el primer tramo.

La cirugía puede ser tradicional o por laparoscopía, dura entre 3 y 6 horas y se realiza con anestesia general con 3 o 4 días de internación.

Tanto el bypass, como el cinturón gástrico, se indican solamente en casos extremos, con más de 40kg de sobrepeso, y no es recomendable para todos.

El doctor Luis Chiappetta, del hospital Argerich, asegura que “hay varios aspectos a tener en cuenta: el paciente debe haber fracasado en diferentes dietas, debe tener enfermedades asociadas y debe estar dispuesto a cambiar hábitos alimentarios y pautas de comportamiento. No hay magia: después de la operación sigue el esfuerzo. Y un psiquiatra debe evaluar si el paciente está apto para sostener el posoperatorio”.

Se puede decir que a partir de la operación que Diego Maradona se realizó (bypass gástrico), se ha generado un “boom” en la demanda de cirugías bariátricas. Pero hay que tener en cuenta han muerto pacientes a causa de estas operaciones porque no han podido llevar a cabo el post operatorio, y es por eso que previo a la operación debe haber una evaluación de las condiciones en que la persona se encuentra.


"No todos los obesos mórbidos pueden someterse a estos procedimientos", dice Rudolf Buxhoeveden, especialista en cirugía de esófago, estómago y duodeno del hospital Alemán. "La evaluación de un grupo interdisciplinario es fundamental para definir si un paciente es candidato a cirugía y cuál técnica es mejor para él”, asegura.

En el caso de una persona obesa que es adicta a las drogas o alcohólica y no se ha recuperado ninguna de estas intervenciones pueden realizarse.

Pero si se le está cruzando por la cabeza practicarse alguna de estas intervenciones, hay un dato a tener en cuenta: Además de todos los problemas que pueden tener, deben estar dispuestos a gastar más de $15.000 en la operación (U$S 5.000).

En los últimos años esta enfermedad ha aumentado notablemente en el país, y los pacientes han acudido cada vez más a cirugías para luchar contra ella. Pero la verdad es que no todos están preparados para someterse a una operación, ni tampoco para afrontar los gastos
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