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Niños «envenenados» por la tele

Buena parte de la muestra de las madres entrevistadas reconoció que sus hijos se alimentan al mismo tiempo que ven la tele. Varios estudios han demostrado que este hábito repercute negativamente en la nutrición infantil

Colóquese frente a la 'caja' 'tonta' en horario infantil -entre semana, por las tardes, después del colegio y durante las mañanas del fin de semana, aunque los más pequeños se ponen frente al televisor en todo momento-y haga la prueba. Quizá deba esperar a que los Reyes Magos se hayan ido y que los anuncios de juguetes dejen de copar los espacios televisivos, pero probablemente perderá la cuenta de la gran cantidad de mensajes publicitarios sobre productos alimenticios dirigidos a los más pequeños.
Con poco que se fije comprobará que la mayoría de ellos no tiene ningún valor nutricional y, lo que es peor, que otros muchos van disfrazados con una parafernalia saludable con un doble objetivo: atraer a los pequeños y 'tranquilizar' a los mayores. La enorme implantación de todos estos artículos en la dieta infantil, unido a la alarmante escalada de la obesidad y sus problemas asociados en este tramo de edad, ha provocado que en algunos países se esté pensando en adoptar medidas drásticas.
En muchos institutos de EEUU no se permiten las máquinas de refrescos. En Francia pretenden reemplazarlas por expendedoras de manzanas y ofrecer fruta en la hora del recreo, en lugar del tradicional tentempié de leche con galletas. En el Reino Unido quieren ir más lejos prohibiendo los anuncios de comida basura en horario infantil. Los expertos españoles creen que en nuestro país no hay necesidad de ser tan tajante, pero recomiendan vigilancia estrecha por parte de los padres.

No todos se muestran conformes con la eficacia de la prohibición anunciada por las autoridades británicas. El organismo regulador del la transmisión de publicidad del Reino Unido (Ofcom, en inglés) ha manifestado su acuerdo con el desarrollo de leyes específicas severas para controlar este aspecto, pero insiste en que «los anuncios de televisión tienen un impacto directo modesto en el efecto del consumo de alimentos de los niños. No obstante, su importancia es poca en comparación con otros factores. Una prohibición total de dicha publicidad sería una medida tanto inefectiva como desproporcionada».

De todas formas, no es la primera vez que los especialistas en nutrición infantil llaman la atención sobre este tema. Al fin y al cabo, los niños y adolescentes son los sectores de la población más permeables a los mensajes publicitarios.

Y, por otra parte, está demostrado que la adquisición de determinados hábitos de vida durante estas etapas de la vida, son enormemente difíciles de corregir en la edad adulta, lo que hace, si cabe, más necesario extremar la vigilancia para favorecer que los más pequeños sean capaces de sentar unas bases saludables para el futuro.

PELIGRO DOBLE.

Si hacemos un pequeño repaso por los anuncios de productos alimenticios dirigidos a los críos nos encontraremos con dos tipos bien diferenciados. Por un lado, tenemos los de golosinas, establecimientos de comida rápida, aperitivos salados, refrescos, bollería industrial, etcétera.

Prácticamente todas estas inserciones publicitarias tienen el mismo denominador común. No atribuyen ninguna cualidad dietética al producto y tratan de que el pequeño lo pida sirviéndose de otro tipo de reclamos. Casi siempre, un personaje de ficción (usualmente de dibujos animados) o bien un grupo de críos vestidos 'a la última' que cantan y bailan como los artistas de moda y les convencen de que tomándolo serán los más 'guays' de la pandilla.

Todo ello suele ir aderezado con colores llamativos, melodías pegadizas, envoltorios cada vez más sofisticados o pequeños regalos y artilugios coleccionables (pegatinas, chapas, cromos, fichas...) que hacen que el pequeño caiga rendido ante los encantos del producto.

No obstante, toda esta parafernalia no parece revestir, al menos por ahora, un peligro acuciante. Después de todo, los adultos, que son los que tienen que adquirir estos productos, suelen ser conscientes de que deben tomarse esporádicamente ya que nutricionalmente no aportan ningún beneficio.

Sin embargo, existe otra clase de anuncios sobre los que los progenitores sí deben estar alerta ya que están pensados para que los tomen los niños -por ello también tienen envases atractivos, personajes de ficción que los promocionan, regalos...-, pero van enmascarados con unas supuestas cualidades saludables cuya misión es tranquilizar a los padres, que acaban creyendo que mientras sus hijos comen de forma divertida, están cumpliendo sus necesidades nutricionales.

Por un lado nos encontramos con todo el arsenal de bebidas a medio camino entre la leche, el zumo y el yogur líquido que han copado el mercado con mensajes agresivos que caen descaradamente en el chantaje emocional a los padres. Estos productos son fáciles de administrar (son bebibles) y presumen de cumplir en un solo gesto con gran parte de los requerimientos dietéticos de los más pequeños (un buen desayuno que les de fuerza para el resto del día, refuerzo del sistema inmunológico, energía para hacer deporte...), ya que en su pequeño envase se concentran calcio, vitaminas, minerales, soja, ácido fólico, fibra...

En mayo de este año, la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa (CEACCU) hizo público un informe en el que se criticaban estas y otras estrategias de la industria de los alimentos denominados funcionales y, con referencia a estos productos, especificaba que la mayoría de ellos no ha demostrado tener un beneficio claro y, lo que es más importante, nunca deben ser presentados como sustitutos de los zumos y los lácteos convencionales.

En este sentido, cabe llamar la atención sobre un tipo de bebidas que, apoyándose en el reclamo de no contener gas, pretenden hacerse un hueco entre los zumos de frutas. Hay que tener en cuenta que la mayoría no son más que refrescos similares a los carbonatados, aunque no contengan burbujas y son igualmente perjudiciales en cuanto a su alto contenido en azúcares.

Por otro lado, hay que seguir insistiendo en que buen parte de los zumos de fruta que se venden en el mercado no se ajusta a lo que dice su etiqueta, bien porque tienen cantidades insuficientes de jugo de fruta natural, bien porque están mezclados con otros néctares más baratos, y normalmente muy azucarados.

Mención especial merecen también los cereales del desayuno. Aunque en nuestro país estos alimentos se han ingerido tradicionalmente en forma de pan y galletas, desde hace unos años, se han popularizado en los copos de maíz, arroz, avena o similares, muchos de ellos pensados especialmente para el público infantil.

En realidad, siempre y cuando se tome la cantidad necesaria de este grupo de alimentos, no importa demasiado el formato con el que vengan presentados. El problema es que para que los copos sean más apetitosos para los críos, suelen ir repletos de chocolate, grasas saturadas y azúcares.

Algo parecido ocurre con las galletas especiales para los más pequeños, lo que obliga a los mayores a prestar especial atención al etiquetado de los productos.

PANORAMA.

El instituto Omega 3, dependiente de la Fundación Puleva, ha llevado a cabo una interesante encuesta -'Cómo comen nuestros hijos: percepciones de las madres españolas'- que pone de manifiesto que, por diversas circunstancias entre las que también está incluida la televisión, el escenario nutricional de nuestro pequeños no es demasiado alentador.

El caso es que a la hora de evaluar el tipo de alimentación que siguen sus vástagos, la gran mayoría de las madres se muestra bastante satisfecha y opina que, por regla general, los críos ingieren las cantidades adecuadas de todos los grupos de alimentos imprescindibles en una dieta sana.

En este sentido, la investigación española coincide plenamente con otro informe que ha dado a conocer la última edición de la revista 'British' 'Medical' 'Journal' ('BMJ'). Según parece, los progenitores están 'un poco ciegos' a la hora de reconocer y evaluar los problemas de sobrepeso y obesidad de sus retoños, algo que las autoridades británicas ya empiezan a calificar de «inminente crisis de salud».

Concretamente, un tercio de las madres y casi el 60% de los padres de niños obesos que formaron parte de la muestra británica (casi 300) afirmó sin titubeos que sus chavales «estaban bien» en cuanto al peso. Claro, que un porcentaje muy similar de los progenitores que pesaban más de lo debido tampoco reconocían estar en desacuerdo con la báscula.

LAGUNAS.

A pesar de este optimismo de los adultos, tanto los datos que manejan las instituciones anglosajonas como los que ha arrojado el sondeo español revelan que hay algunos errores de bulto que convendría corregir.

- Televisión.

Buena parte de la muestra de las madres entrevistadas reconoció que sus hijos se alimentan al mismo tiempo que ven la tele. Varios estudios han demostrado que este hábito repercute negativamente en la nutrición infantil.

«No es lo más adecuado [estar frente al televisor] ni a la hora de comer ni para hacer la digestión», resume el doctor Juan Díez Nicolás, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y promotor del trabajo del Instituto Omega 3.

Por un lado, al no haber diálogo familiar en ese instante, se pierde una oportunidad de enseñar a los pequeños la importancia de alimentarse bien y las propiedades que tienen los productos que están en ese momento en el plato.

Por otra parte, el hecho de tener que facilitar la tarea de prestar atención a la pantalla al mismo tiempo que se come, limita la elección de menús, que acaban siendo incompletos (sin segundo plato o postre), fáciles de coger con la mano (bocadillo, sandwiches, patatas fritas, porciones de pizza, hamburguesas...) y en los que es difícil de controlar las cantidades de aperitivos poco nutritivos (refrescos, golosinas, helados, palomitas...).

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) ha reiterado en muchas ocasiones -la última en una práctica guía de la que SALUD se hizo eco la semana pasada- que las comidas deben hacerse siempre que sea posible en el entorno familiar, en un ambiente relajado y, sobre todo, con la televisión apagada.

- Prisas.

La falta de tiempo es una de las servidumbres de la vida moderna y también afecta a la calidad de vida de los niños. De esta forma, el 20% de los escolares españoles dedica menos de cinco minutos al desayuno, que en realidad debería ser la comida más importante del día (hay que recuperar energía después de toda la noche sin tomar alimentos y hay que hacer acopio para iniciar la jornada y pasar buena parte del día).

Más de la mitad de las casi 1.700 entrevistas realizadas pone de manifiesto que casi ningún crío supera el cuarto de hora a la hora de afrontar la primera comida del día, pero la situación no es más halagüeña en cuanto a las demás.

Es decir, también se almuerza y se cena apresuradamente. «Comer en poco tiempo y con prisas puede dar lugar a no incluir en la dieta todos los nutrientes que nuestros hijos necesitan para su correcto desarrollo físico e intelectual», resume la doctora Lourdes Pérez-Olleros, profesora del Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid y portavoz del Instituto Omega 3.

- Desayuno.

La especialista recuerda que: «el desayuno es la comida más importante del día y debe incluir de forma imprescindible leche o derivados lácteos, fruta y cereales diariamente».

Sin embargo, los hábitos de vida propios de nuestro país hacen prácticamente inviable esta práctica, por lo que cobra especial relevancia el tentempié de media mañana. El bocadillo sigue siendo la 'estrella' en este momento, pero los especialistas recuerdan que, dado que no se debe abusar de los embutidos y que en estos momentos quizá se está recurriendo con demasiada frecuencia a la bollería industrial, la media mañana es un buen momento para incluir lácteos sencillos (yogures y batidos, por ejemplo) o una pieza de fruta.

REMEDIO.

A pesar de estos aspectos negativos y de que la tónica imperante entre nuestros vecinos europeos con respecto a la tasa de obesidad infantil no son demasiado buenas, los especialistas españoles son optimismas. «Hay que corregir algunos fallos pero, afortunadamente, estamos a tiempo de rectificar», se expresa el doctor Díez Nicolás.

Al igual que el resto de sus colegas, este experto confía en que, gracias a la formación de pequeños y mayores, se recuperen las bondades de la dieta mediterránea y se frene la importación de hábitos procedentes de otros países (EEUU, fundamentalmente) que ya han demostrado sus nefastas consecuencias.

La 'Guía de la alimentación saludable' elaborada por la SENC contiene un capítulo dedicado a los pequeños de la casa en los que se ponen de manifiesto algunas de las claves para aprobar las asignaturas pendientes.

- Presente.

Un niño bien alimentado tiene mejor desarrollo, rinde más en el colegio y tiene más energía.

- Futuro.

Adoptar hábitos alimentarios saludables no sólo posibilita el crecimiento y desarrollo del niño. Además, previene la aparición de enfermedades crónicas asociadas a la obesidad y a la dieta deficiente en la edad adulta.

- Variedad.

No hay productos prohibidos. Todos tienen cabida en su justa proporción.

- Limitaciones.

A la vista de los datos disponibles hasta el momento, hay que procurar reducir el consumo de productos como la bollería, aperitivos y las golosinas, ya que aportan muchas grasas y azúcares y promover la ingesta de lácteos, frutas, vegetales y pescado.

- Ejemplo.

El entorno familiar y escolar son el espejo en el que se miran los chavales. Hay que procurar ser un modelo a seguir.

Buena parte de la muestra de las madres entrevistadas reconoció que sus hijos se alimentan al mismo tiempo que ven la tele. Varios estudios han demostrado que este hábito repercute negativamente en la nutrición infantil
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