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Entrevista con la modelo de las fotos de la campaña “No anorexia”

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Entrevista con la modelo de las fotos de la campaña “No anorexia”


Rafaële Garnot Gwenaëlle Trillat / Exclusivo para El Espectador, París

Millones de personas en el mundo padecen trastornos alimenticios. Uno de los más comunes entre las jovencitas de 15 a 25 años es precisamente la anorexia, enfermedad que tiene uno de los mayores índices de mortalidad en Europa. Por eso una firma de ropa contrató al fotógrafo italiano Oliviero Toscani, el mismo de las polémicas campañas de Benetton, para hacer un llamado en contra de esta enfermedad.

La aparición en grandes vallas de la imagen extremadamente delgada de una modelo desató todo tipo de reacciones. Mientras que para algunos las tétricas fotografías eran un llamado de atención para las jovencitas, para otros resultó una imagen contraproducente. Tanto así, que la campaña fue prohibida en Milán y París.

La protagonista de este debate es Isabelle Caro, una actriz francesa de 25 años, quien aceptó posar desnuda para denunciar la moda de la delgadez extrema. Esta mujer pesa 32 kilogramos y ha sido anoréxica durante los últimos diez años. Diez años de sufrimiento. Diez años de coqueteos con la muerte. En esta entrevista Isabella defiende la campaña. “Quería que la gente viera el peligro y entendiera lo que significa llegar a ese estado de cercanía a la muerte”, dice.

P. ¿Por qué revelar su cuerpo para esta campaña?

R. Hice el sacrificio de mostrar este cuerpo que odio para que las mujeres jóvenes y el mundo de la moda puedan ver a dónde nos puede llevar la dictadura de lucir delgados. Ser demasiado flaco puede terminar en la muerte y es todo menos bonito, de hecho todo lo contrario. Quería proclamar mi sufrimiento.

P. ¿Sintió temor de posar desnuda?

R. No hay nada peor para una anoréxica que mostrarse desnuda, porque está en guerra con su cuerpo, siente que está demasiado gordo. Apenas hace unos meses caí en cuenta de lo flaca que era, pesaba 25 kilos. Mi deseo de denunciar esta terrible enfermedad fue más poderoso que mi modestia.

P. ¿Cómo dio con Oliviero Toscani?

R. Escuché que Toscani estaba buscando a una joven anoréxica para una campaña contra esta enfermedad. De inmediato sentí que me concernía, porque he sufrido de anorexia durante los últimos diez años. Apenas lo vi unas horas durante la sesión de fotos.

P. ¿Qué sintió de que Oliviero Toscani no quisiera reunirse con usted?

R. Fue duro al comienzo, pero no me preocupa. Eso no es lo importante. Tengo un mensaje para difundir: la vida vale la pena vivirla porque es hermosa. Es necesario luchar. He estado tan cerca de la muerte que ahora me doy cuenta del peligro que corrí.

P. ¿Conocía antes del trabajo de Oliviero Toscani para Benetton, que siempre fue controversial?

R. Por supuesto. Por eso lo escogí. Es una foto chocante. Pensé que cambiaría las cosas. No quería una fotografía que la gente no notara al pasar. Quería que la gente viera el peligro y entendiera lo que significa llegar a ese estado de cercanía a la muerte.

P. ¿No le parece un comercial tétrico?

R. Esta campaña muestra la realidad de la moda tal como si las modelos estuvieran luciendo sus cuerpos sin ropa. Soy de la misma talla de las modelos a las que los diseñadores les piden modelar ropa talla cero, es decir, por debajo de un 34. Algunas niñas de Europa del Este mueren de hambre para apoyar a sus familias. En Brasil, dos modelos murieron recientemente. Los diseñadores son irresponsables. Explotan a las jóvenes que están dispuestas a hacer lo que sea para trabajar.

P. ¿Qué opina de la moda pro-Ana?

R. Es escandaloso y criminal promover entre las mujeres jóvenes que dejen de alimentarse para satisfacer la fantasía de la extrema flacura. La anorexia es una enfermedad, no un modo de vida.

P. Pero mucha gente piensa que su fotografía puede llevar a que las mujeres jóvenes anoréxicas la tomen a usted como un modelo... ¿Qué opina?

R. No entiendo. Lo encuentro totalmente ridículo. No entiendo cómo el cuerpo de una vieja puede ser el modelo para una joven de 25 años. No es como esas fotos de los sitios pro-Ana que muestran mujeres hermosas. Aunque les veamos los huesos, sus cuerpos son aún atractivos. Como actriz en el mundo del show business, sé lo que significa mostrarse sin maquillaje ni peinados. Si hubiera visto una campaña como la de Toscani, probablemente no me hubiera vuelto anoréxica.

P. ¿Podrá entonces tener su foto un efecto preventivo sobre otras mujeres jóvenes?

R. Sin duda. Incluso en mis peores períodos de anorexia, entre los 13 y los 15 años, cuando aún pensaba que estaba gorda, definitivamente me hubiera afectado una fotografía tan desagradable. Me hubiera dicho: “No quiero lucir como ella... una jovencita con el cuerpo de una mujer vieja y cansada”. Espero que este anuncio ayude, aun cuando sea a una sola persona.

P. ¿Comprende por qué el anuncio ha sido prohibido en Francia?

R. No y estoy muy desilusionada con esa decisión. En Francia nos estamos escondiendo de la realidad de la anorexia. Por ejemplo, la industria de la moda no impone ningún criterio real sobre la talla de las top models. Los cuerpos se están ocultando detrás de la ostentación, el maquillaje, el pelo, la ropa y el glamour.

P. ¿Cómo llegó a ser anoréxica?

R. Tuve una infancia muy difícil, muy traumática e inusual.

P. ¿Qué le pasó?

R. Todavía me es difícil hablar de eso. Mi madre sufría de depresión. Yo tenía cuatro años y me aisló del mundo. No me mandó al colegio. Me forzó a aprender violín. No me permitía salir a menos que tuviera una bufanda sobre mi cara para que no respirara (había oído en la radio que el aire fresco hacía crecer). No quería que creciera, me medía a diario. A los 13 años decidí que quería dejar de crecer. Todo empezó con una imagen: caminaba con mi madre por un callejón hacia la casa y ella cargaba una botella de gas. Me dijo: “¿Sabes lo que es cargar 35 kg?”. Tiempo después fui al doctor por una infección en la garganta. Me midieron y pesaron y vi la desilusión en los ojos de mi madre. Pesaba 39 kilos. Me había subido de 35 kg. Ahí decidí dejar de comer.

P. ¿De un momento a otro dejó de comer?

R. Fue gradual. Yo era ingeniosa para que mi madre no se diera cuenta. Al comienzo, uno no se da cuenta de lo que está sucediendo, está en un estado de euforia.

P. ¿El “orgullo” anoréxico?

R. Sí, es un estado de euforia que se siente al comienzo. Es fantástico. Cuando uno comienza a perder peso, siente que tiene todo bajo control. Y entonces, rápidamente entra en un círculo vicioso de consecuencias irreversibles: el pelo y los dientes se te comienzan a caer, desarrollas problemas de visión. Casi pierdo la visión de uno de mis ojos. Poco a poco, uno cae en una espiral diabólica, de muerte.

P. ¿Llegó a estar cerca de la muerte?

R. Muchas veces. He entrado en coma en varias ocasiones. Un día realmente pensé que había muerto. Me vi en el otro lado. Fue entonces cuando decidí regresar al mundo de los vivos.

P. ¿Qué fue lo más duro?

R. Cuando tuve que ser hospitalizada. Pasé varios períodos en el hospital, incluso en centros especiales, y fui maltratada. Te apartan de tus seres queridos, los doctores te hacen sentir culpable. Todos piensan que eres responsable de tu condición y que te estás haciendo la difícil al negarte a comer. Las enfermeras eran toscas. Cuando me bañaban, eran muy duras con mi demacrado cuerpo. El tratamiento lo sentía como si estuviera siendo violada.

P. A veces no hay otra manera de mantenerte viva...

R. En el hospital te alimentan con una sonda estomacal. Te fuerzan a ganar peso. Te tratan los síntomas pero no la enfermedad mental.

P. ¿Y sigue enferma?

R. He decidido sanarme, pero a mi propio ritmo; de otra manera fracasaría. Como muy poco pero mejor, cada vez mejor. Es una batalla diaria, pero lo lograré, porque escogí vivir.

P. ¿Nos puede explicar por qué en su blog la mayoría de las fotografías la presentan como una anoréxica, pero ahora nos dice que quiere luchar contra esa enfermedad?

R. Porque, infortunadamente, eso es lo que soy. Quiero mostrar lo terrible que es. Sin embargo, en el sitio también trato de mostrar el progreso y los resultados. Pesaba 25 kg. cuando caí en coma. Ahora peso 32 kg. Ustedes pensarán que es demasiada flacura, pero comparada con hace un año hay una gran diferencia. Eso es lo que quiero mostrar. He trabajado muy duro para llegar acá, luché de verdad y fue muy difícil.

P. ¿Alguna vez le ha gustado su cuerpo?

R. Nunca. Siempre sentí que estaba muy gorda. Ese es el principio detrás de la anorexia; quienes la sufren no son capaces de amar sus cuerpos. Incluso de niña, no me gustaba mi cuerpo aun cuando era una chica normal. El único momento en que era capaz de aceptar mi cuerpo era cuando actuaba: en el escenario me siento otra persona.

P. ¿Qué quiere decirles a las jóvenes que se encuentran en su misma situación? ¿Quisiera ayudarles?

R. Eso es exactamente lo que quiero hacer, porque sé las palabras que debo usar cuando hablo con ellas. Los doctores no se las saben. Pero sobre todo, no se debe hablar de peso a una anoréxica. Hay que enseñarles a amar la vida de manera gradual, por ejemplo, a través de la pintura o de clases de teatro. Quisiera encontrar un lugar donde pudieran hablar sin temor a lo que otros puedan pensar de ellas. Un buen psiquiatra no debe tratar la anorexia como una enfermedad en sí misma, sino que debe buscar la historia detrás de las razones para ser anoréxico. Quisiera encontrar una estructura con doctores y sicólogos donde las jóvenes no sean encerradas o aisladas del mundo. Tengo algunas ideas, pero no he hecho ningún contacto.

© Gwenaëlle Trillat/Gamma/Eyedea
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