El diseñador español Adolfo Domínguez platicó de su nueva tienda, su amor por México, sus gustos, su empresa y sus proyectos, dejando al descubierto su vida en familia.
Creador del eslogan “la curva como la arruga, tambien es bella”, Adolfo estuvo esta semana en México donde inauguró su sexta tienda (cuatro en el D.F. y dos en Monterrey), además de presentar una pasarela como parte de su estrategia de expansión en América Latina.
La boutique se ubica en Polanco, tiene 500 metros cuadrados y en ella ofrecerá colecciones de complementos para hombre y para mujer. De acuerdo con el propio diseñador, ya suman 450 tiendas de su firma en el mundo y prevé aperturas en Panamá, Miami (EE.UU.) y Santiago de Chile.
Su éxito se ha basado en el diseño de sus prendas, en sus acabados y en la presentación de sus colecciones año con año. Sus productos de gran calidad, elegantes y con ese toque único y distinguido, lo han colocado en la élite mundial de la moda.
DE MÉXICO Y SU FAMILIA
Nacido en Ourense, Galicia, Adolfo Domínguez platica que está casado y es orgulloso padre de tres hijas.
Al preguntarle por qué inaugurar más tiendas en el país, confiesa que México ocupa el papel más grande en toda Latinoamérica en cuanto a ventas y expectativas de marca.
Su plan de expansión proyecta abrir de 40 a 50 tiendas, en México y en el resto de Latinoamérica.
“México es como sentirme en casa, siempre lo digo, la verdadera patria es la lengua. Aún en Europa, un continente unido con moneda común, en Francia e Inglaterra, hablando perfectamente ambas lenguas, me siento más en casa aquí que allá.”
Mientras sonríe con esa seguridad que lo caracteriza, continúa describiendo lo que le significa este país.
“Los mexicanos tienen una capacidad de hacer belleza espectacular, tanto la arquitectura culta como la popular, los muebles que hay en este país, la artesanía, la cerámica, lo que hacen con el pewter y con la plata, te caes de espaldas, ¡y qué lámparas!
“Los pueblos son tan pintorescos, por eso mi libro preferido es Pedro Páramo de Juan Rulfo, es una belleza, es lo mejor que se ha escrito en español desde el Quijote”.
Sobre su eslogan de que “la curva como la arruga, también es bella”, hace alusión al actor Orson Wells, “era un actor enorme, muy enorme, yo lo prefiero gordo que flaco, como en la película ‘Campanadas a media noche’, nunca lo podría haber imaginado en ese papel, flaco.
Como mi tía más querida, Nuncia, era gordísima, me encantaba, la adoraba, por eso mi línea de tallas grandes ha sido un éxito. No había nadie hecho nada para gorditas con tanta voluntad de belleza y estilo, es una línea espectacular”.
De sus colores favoritos y que usa a diario, destacan el azul marino y el blanco del lino crudo.
Entre sus muchos proyectos expresa que de momento no tiene una fundación como otros diseñadores, artistas y famosos, pero piensa formar una, ya que le atrae el mundo de la ciencia y de la educación técnica.
“Cuando mi grupo tenga un cierto nivel, pienso financiar, por ejemplo, un colegio técnico para niñas y niños en Guatemala; lo necesitan más que en otros lados, además en la vida lo que más hay que dar, es educación.
“Los empresarios y todos en general, debemos pensar que el objetivo es el bien común, la solidaridad es lo que nos caracteriza como especie. El objetivo de los empresarios claro que es ganar dinero, pero realmente con una función social, es organizar la vida económica de la gente, para que puedan vivir bien. Ya sea, financiando educación vía impuestos o directamente”, afirmó enfático, “y ése es mi deber hasta que me muera.
“Uno nunca está satisfecho consigo mismo, la vida es un camino, no es una meta, nunca llegas a la meta, pero obviamente tengo una clara voluntad de comportarme éticamente, se puede infringir, pero mi vida la entiendo aproximada siempre al ideal y el ideal ético es estar al servicio de la gente, eso nunca lo olvido todos los días cuando me levanto y me acuesto.
“Emocionalmente la vida es muy pequeña, lo que me interesa en la vida es mi mujer, mis hijas y mi madre, que junto con mi padre ya muerto hace años, les estoy muy agradecido.
“Siento que soy un eslabón más en la cadena, lo que quiero es pasar la antorcha que he cogido, a los que siguen. Me interesa lo que puedo alcanzar, porque lo demás es inalcanzable, me interesan las cosas más simples y pequeñas”, concluye con una sonrisa.
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