Rafael Blanco Engert, alemán de nacimiento pero de madre avilesina y padre vallisoletano, es cirujano general y de aparato digestivo, además de especialista en cirugía variátrica o de la obesidad. Dirige la unidad para el tratamiento intervencional de la obesidad del Sanatorio Begoña de Gijón, que ha puesto en marcha con especialistas asturianos.
-¿En qué consisten las operaciones de estómago para reducir peso?
-Se trata de una cirugía que puede tener hasta quince variaciones distintas. Un tipo es la restrictiva, que limita la ingestión de la cantidad de alimentos. Por ejemplo, en vez de comer un cachopo entero, se come una quinta o sexta parte y el paciente queda igualmente saciado.
-¿Esto se consigue a través de la reducción del estómago?
-No siempre. Otro tipo es la cirugía que lleva a que el paciente, por poner un ejemplo práctico y sencillo, come 100 patatas fritas, y de ellas 80 son expulsadas sin digerirlas. Ésta tiene el inconveniente de que también se pierden las vitaminas y todos los elementos que necesita el cuerpo. Es decir, se adelgaza por no absorber los nutrientes. Se conoce como tipo «bypass». Y actualmente investigamos un tercer tipo, que consiste en un método que actúa directamente sobre el hipotálamo, situado en el cerebro, que nos da la sensación de saciedad. Este método consiste en unos marcapasos gástricos, similares a los del corazón, que transmiten a la musculatura del estómago un estímulo que secreta hormonas que dan la sensación de saciedad. Por ahora lo estamos practicando en Fráncfort, por medio de estudios controlados, en pocos pacientes.
-¿Qué tipo de cirugía desarrollan en el Sanatorio Begoña de Gijón?
-De momento trabajamos con las técnicas simples. Son cirugías que no tienen riesgo de mortalidad -la tasa es del 0,015 por ciento-, aunque tienen menos eficacia en cuanto a pérdida de peso. Lógicamente, este tipo no es tan eficaz como el «bypass» gástrico, cuya tasa de mortalidad treinta días después de la intervención gira en torno al 3 o 4 por ciento.
-¿Hay mucha demanda de este tipo de cirugía?
-Sí. Estamos ante un incremento en números absolutos de pacientes obesos. Con la edad, la gente se va dando cuenta de que existen enfermedades asociadas a la obesidad (hipertensión, diabetes, osteoartritis, depresiones) que se pueden eliminar si se pierde peso. Estamos hablando de quitar de 20 a 100 kilos. La última paciente que operé el viernes en Fráncfort pesaba 180 kilos con una estatura de 1,60 metros. Es cirugía extrema que requiere unos preparativos exhaustivos y que todo ha de estar programado.
-¿La pérdida de peso es progresiva o inmediata tras la operación?
-La pérdida del peso excesivo dura de uno a dos años. A posteriori hacen falta, además, cirugías reparadoras: los pliegues de piel han que quitarse por medio de la cirugía plástica. El tratamiento de la obesidad es multifactorial. Por ejemplo, si una persona come por depresión, de poco le sirve operarse si no se trata posteriormente. Las operaciones de estómago no son milagrosas; perder peso es trabajo puro y duro.
-Se han dado a conocer varios casos de muertes de personas tras operarse para reducir el estómago. ¿La mala fama rodea este tipo de cirugía?
-No creo que tenga mala fama, lo que ocurre es más bien por no conocer el tema. Si alguien se opera del estómago, tiene un riesgo ya sólo por entrar en el quirófano y por ser obeso. Estamos operando a pacientes que ya están muy enfermos. No es justa la mala fama que le da la sociedad a esta cirugía; si se hiciera caso de esto, no se operarían páncreas, ni esófagos, ni hígados, ni se harían trasplantes de órganos, porque tienen índices de mortalidad más altos que la cirugía del estómago. Se están mezclando patatas con peras. Diferentes técnicas tienen diferentes riesgos. Evidentemente, la cirugía de la obesidad debe ser siempre el último eslabón para combatir la enfermedad.
-¿Cuál es el perfil medio del paciente que recurre a esta cirugía?
-El 80 por ciento son mujeres con una edad media de 40 años. Y son personas concienciadas de que el quirófano es el último eslabón para tratar su obesidad.
-¿Se interviene a niños?
-Hay técnicas que se pueden aplicar en adolescentes. Nosotros operamos a partir de los 18 años. No obstante, tengo pacientes con un peso de 160 kilos con 16 años.
-¿Hay muchos casos de obesidad en Alemania?
-Los porcentajes son mayores que en España, donde se ve a la gente más concienciada en llevar una vida sana. Allí no se ve a niños jugando al fútbol, están todos delante el ordenador con la bolsa de patatas.
-Estas intervenciones estarán al orden del día dentro de unos años al incrementarse los casos de obesidad.
-Por supuesto. En Estados Unidos el «bypass» gástrico es la cirugía de abdomen que más se hace: 180.000 casos al año. En España se hacen 3.000 anuales, similar a Alemania.