Una cuestion de imagen

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Una cuestion de imagen

Si bien ser gordo, muchas veces implica marginación o una suerte de rechazo, existen casos en los que algunos famosos excedidos de peso generan la reacción contraria.

09/06/2014 22:34:19
Incluso, su obesidad constituye un motivo de orgullo en lugar de tristeza: ¿Ejemplos?, los hay muchos y de distintos matices.

Dentro de los gordos famosos encontramos a quienes no lo eran, pero cuando pasaron a serlo no se hicieron complejos por ello. También existe el caso de quienes tienen al exceso de peso como una herramienta necesaria, o, al menos, favorable para ejercer su oficio. Y, por último, podemos encontrar a quienes hacen de su obesidad motivo de diversión.
Repasemos algunos nombres para cada uno de los casos:

Entre los que subieron de peso y nunca bajaron podemos contar al actor estadounidense Marlon Brando, que engordó cuando ya era un actor consagrado y este cambio no fue obstáculo para su ascendiente carrera. Como casos similares se presentan el francés Gerard Depardieu y la argentina Alicia Bruzzo.

En ciertas circunstancias, la obesidad resulta un aliado a la hora de desarrollar una profesión. Así sucede con actores como Jorge Porcel y Ana María Giunta, que gracias a su gordura han creado personajes que no serían tales si no fuera por su obesidad. Y ¿quién no recuerda al desafortunado Señor Barriga que invariablemente recibía golpes del Chavo en su abdomen?

Conocemos, en tercer lugar, algunos personajes que nos muestran que la gordura no debe ser motivo de frustración social. La hoy animadora Carmen Barbieri no tiene problemas en asumir sus kilos de más, su experiencia es más destacable porque ella en su pasado fue vedette, trabajo que implica una rigurosa preocupación por la estética personal y cuidados más que exigentes. Como ella, los periodistas Gonzalo Bonadeo y Nicanor González del Solar, que tienen en común su pasado como rugbiers, aceptan las bromas que les juegan sobre su gordura, e inclusive ellos mismos a veces las fomentan.

Así vemos que la gordura no tiene por qué conllevar una angustia social para quien la padece. La única preocupación que debe generarnos es la de que no constituya un peligro para nuestra salud, pero en cuanto a imagen y aceptación social los kilos de más no deben y no tienen por qué bajonearnos.

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